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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 138

Isabel tomó la invitación con calma, observando el sobre azul oscuro antes de abrirlo. Solo entonces se dio cuenta de que era una invitación formal.

La vez pasada, la familia Zamudio no había invitado a los Mariscal; ahora, en cambio, la familia Mariscal les hacía llegar su propia invitación.

—¿En qué estará pensando Regina? —murmuró Isabel para sí.

No era obvio que no quería relacionarse con ellos, ¿o acaso estaba fingiendo no darse cuenta a propósito?

En ese momento, Orlando bajó las escaleras y la vio sentada en el sofá, absorta con la invitación en la mano.

—¿Qué tienes ahí? —preguntó.

Isabel le pasó la invitación, suspirando con resignación.

—Regina nos mandó esto. Es una invitación para la fiesta de celebración del Grupo Mariscal.

—¿Tienen algún motivo especial para celebrar últimamente? —Orlando arqueó una ceja, curioso.

Isabel dejó escapar una risa leve.

—Claro que sí, es una gran noticia para ellos. Carlota se volvió famosa de la noche a la mañana, la gente la sigue como si fuera una estrella.

Contó a grandes rasgos lo ocurrido con Carlota, mientras Orlando sacaba el celular y buscaba en internet.

—Con razón las acciones del Grupo Mariscal han estado disparadas estos días —comentó, sin quitar la vista de la pantalla.

Con todo lo que había pasado, organizar una fiesta de agradecimiento y aprovechar para fortalecer relaciones en el círculo era, sin duda, una jugada inteligente.

Isabel apretó los labios, sintiendo de nuevo la molestia que le provocaba el solo mencionar a los Mariscal. Recordó que hacía tres años, la familia Zamudio había salido mal parada por culpa de Beatriz, y ahora, ahí estaba la invitación de los Mariscal sobre su mesa.

El simple hecho le resultaba irritante.

—Vamos a ir —dijo Orlando de pronto.

Isabel se sobresaltó.

—¿Cómo dices?

—Que vayamos —insistió Orlando—. No podemos darnos el lujo de romper relaciones para siempre con los Mariscal. Mientras más aliados tengamos, más caminos se abren; si sumamos enemigos, solo nos buscamos problemas.

Isabel entendía el razonamiento, pero aun así, algo en su interior se negaba a aceptarlo del todo.

—¿Qué miras? —preguntó Aurora al bajar del carro. Al ver a Carlota observando el edificio, no pudo evitar la curiosidad.

—¿Sabes lo que se siente cuando aquello que siempre soñaste de niña, ahora lo tienes al alcance de la mano? —respondió Carlota sin apartar la vista.

Desde pequeña había envidiado el armario de Beatriz, repleto de vestidos de princesa, y las bolsas de diseñador que llevaba a los trece años: LV, Chanel, Hermès...

En los días en que sus deseos eran más intensos, hasta soñaba que estaba frente a ese clóset, adueñándose de todos esos lujos.

Jamás imaginó que algún día, esos sueños se volverían realidad.

Aurora siguió la mirada de Carlota y soltó una sonrisa tranquila.

—No lo he vivido, pero te entiendo. El poder y el dinero son el mejor suplemento para el alma. No hay nada que nutra más.

Carlota soltó una carcajada franca.

—¡Claro que sí!

—Todo lo que era de ella, pronto será mío —dijo, con una seguridad que retumbó en la noche.

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