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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 205

Cuando hay intereses de por medio, cualquiera puede convertirse en un monstruo.

Isabel deseaba que Carlota muriera, para que ese secreto quedara enterrado para siempre.

Pero, para su desgracia, Carlota seguía viva.

No solo seguía viva, sino que se había convertido en lo que alguna vez fue Beatriz.

La anterior “lisiada” ya había puesto de cabeza a toda la familia Zamudio.

¿Quién dice que la siguiente no podría hacer lo mismo?

Esa noche, Beatriz estaba de buen humor.

Cuando Liam entró, la vio de pie junto al escritorio, usando un pincel para escribir un verso sobre una hoja de papel especial.

Al terminar el último trazo, Beatriz levantó el pincel y rodeó la frase con un círculo.

Luego, cruzó la tinta sobre esos dos caracteres, tachándolos.

—¿Ya lo soltaron?

Liam asintió.

—Sí, ya está afuera.

—Según la gente del hospital psiquiátrico, Ismael Zamudio está muy pendiente de él. Cada tanto, manda a alguien a revisar cómo sigue.

—Busca a alguien parecido para ocupar su lugar. No quiero que los del hospital pasen un mal rato.

—Ya estamos en eso.

Beatriz dejó el pincel y tomó una toalla a un lado para limpiarse los dedos.

—Investiga en qué anda Isabel últimamente. De vez en cuando, pásale información a Carlota.

—Quiero ver hasta dónde puede llegar esa pelea de perros entre ellas.

—Y sobre todo, quiero ver qué hará Carlota ahora que ocupa mi lugar de antes.

Liam asintió a cada orden y luego preguntó:

—¿Y el extranjero?

—Ya no sirve de nada, sácalo de aquí.

Liam se sorprendió. ¿Una pieza tan útil y la iba a dejar ir así nomás?

—Por eso, la educación de los hijos es fundamental —dijo una de las señoras—. No pido que sean millonarios, pero tampoco se vale que vendan a sus propios padres. En mi opinión, Ismael sí que sabe pasar desapercibido. Mi hijo llegó el otro día y me contó que Ismael sigue usando el mismo carro desde hace años, ni siquiera lo ha cambiado.

Isabel tomó un sorbo de café y sonrió.

—Es difícil cambiarlo.

—Ese carro se lo regaló un amigo de su papá, está hecho con materiales a prueba de explosiones. Es casi imposible conseguir uno así de seguro.

Las señoras frente a ella no pudieron evitar soltar exclamaciones de asombro.

Isabel continuó:

—Hasta lo llevaron al ejército para modificarlo, tardaron casi medio año en dejarlo listo.

—Con razón —dijo otra—. Hasta me dan ganas de conseguir uno igual.

Alguien más intervino:

—A nuestro nivel, lo que más miedo nos da es que nos pase algo grave. Y como el tráfico ahora es un caos, más vale andar prevenidas.

Siguieron platicando hasta que el reloj marcó las tres de la tarde y poco a poco comenzaron a despedirse.

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