No se atrevía a levantar la mirada para ver a nadie.
—Francisco, esto fue un descuido de nuestro equipo, ya estamos investigando lo sucedido. Le aseguro que recibirá una respuesta que lo deje conforme.
—Más te vale darme una explicación convincente, porque si no, ya puedes ir buscando otro trabajo. No te quiero ver más como director.
El director comenzó a sudar frío, el miedo lo tenía helado.
No dejaba de disculparse.
—Señora, la señorita Mariscal ya despertó.
La voz de la empleada fue como un salvavidas para el director.
Regina empujó la puerta y entró a toda prisa. Al ver a Carlota con la mirada perdida fija en el techo, no pudo evitar que las lágrimas le rodaran por las mejillas.
Era su adorada hija, su tesoro más grande.
Solo tenía a esa hija en la vida.
—Lottie, ¿ya despertaste? No me asustes, hija, ¿qué haría yo sin ti?
—Lottie...
—¿Lottie?
Regina le tomó la mano que tenía sin lastimar y comenzó a frotarla con mucha ternura, como si quisiera transmitirle todo su cariño a través de ese gesto.
Una lágrima resbaló y cayó sobre la cara de Carlota. Ella parpadeó y preguntó:
—Mamá, ¿ya supieron quién fue?
—Todavía lo estamos investigando, pero no te preocupes, en cuanto sepamos quién fue, yo misma voy a hacer que pague por lo que te hicieron. No importa quién sea, no lo voy a dejar pasar.
—Mamá, mi pierna... —Carlota dudó en continuar. No quería seguir ocultando la verdad. Estaba segura de que Isabel tenía que ver con lo que había pasado.
Pero ese hombre... No podía dejar que su nombre saliera a la luz.
Si eso pasaba, todo por lo que había luchado en la universidad en esos tres años se iría a la basura.
Quería venganza, claro que sí, pero no podía arrastrarse ella misma al desastre.
Regina se quedó esperando a que terminara la frase.
Pasó un largo rato hasta que Carlota suspiró... ya no tenía caso.
Solo era una pierna rota, no estaba muerta.
Mientras pudiera volver a ponerse de pie, Isabel no iba a salir impune.
Menos de una hora después, el director llegó con el expediente médico en la mano.
—Señor Mariscal, acabo de buscar el historial médico de la señorita Mariscal en el archivo del hospital y lo comparé con la versión que circula en internet. Descubrí que la historia clínica de internet es falsa.
—Mire usted —el director le entregó el expediente.
Lucas lo tomó y revisó hoja por hoja.
No pudo evitar soltar un suspiro.
Andrés retiró la mirada del helicóptero que rugía en lo alto y dijo:
—Aunque lo dijera, Lucas no se atrevería a declararle la guerra a la familia Zamudio tan fácil.
Liam lo pensó un momento y asintió.
—Tienes razón, seguro que esa chica ya lo pensó.
Andrés miró a Liam con cierta resignación. Ese tipo era un caso perdido, enamorado sin remedio.
—Si ya lo pensó, ¿por qué no te lo cuenta a ti?
Liam le lanzó una mirada de fastidio.
—¿Desde cuándo los jefes tienen que contarle todo a sus empleados?
Andrés no pudo evitar reírse, luego fijó la vista en el caramelo de Liam.
—¿No puedes dejar de traer ese dulce pegado a la boca aunque sea un día?
Liam soltó una carcajada.
—Te molesta mucho, ¿eh? Si tanto te fastidia, el día que te mueras te voy a llenar la tumba de caramelos. Así ni muerto vas a descansar en paz.
Andrés: ........................

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina