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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 400

¿Entonces por qué, después de casi un año, todavía siguen enredados con los mismos líos de esa familia?

Todos tienen dinero, ¿tan difícil es que arreglen sus broncas en el extranjero?

¿De verdad no saben que aquí hay leyes?

—¿El señor Zamudio dice que la señorita Mariscal portaba armas de fuego?

—Así es —respondió Ismael sin titubear.

Cristian dirigió su mirada a Beatriz.

—¿Señorita Mariscal?

—No entiendo a qué se refiere el señor Zamudio. Lo único que sé es que él me citó para una reunión y, en lugar de eso, terminé herida por un francotirador.

Mientras hablaba, Beatriz se puso de pie y se quitó el abrigo. Debajo llevaba una blusa gris ajustada, marcada por una larga rasgadura y manchas de sangre.

Al ver la herida, Cristian arrugó el entrecejo.

No hacía falta ser detective: cualquiera en ese cuarto podía reconocer que era una herida de bala.

—El asunto es grave. Los dos tendrán que quedarse esta noche.

Beatriz no protestó. Sabía que la comisaría tenía salas de interrogatorio individuales.

De inmediato, los separaron.

Cristian salió con sus compañeros rumbo al lugar de los hechos. Y, tal como sospechaba...

Ahí estaba: una bala incrustada en el tronco de un árbol.

Cristian examinó el entorno, siguiendo la trayectoria.

Era la playa, sin edificios altos a la vista. Desde ese ángulo, el disparo solo pudo venir de alguien oculto entre los árboles.

Pero, ¿cómo podría alguien montar un rifle de francotirador sobre un árbol?

—¿Y si fue desde esa torre de vigilancia?

—Está raro... ¿por qué justo hoy las cámaras dejaron de funcionar?

Cristian lanzó una mirada significativa.

—¿Ya se te olvidó la tormenta eléctrica de hace unos días? Hasta salió en las noticias que un rayo cayó en la antena y afectó todo el sistema de seguridad.

—Vamos a revisar allá arriba.

Subieron por las escaleras de la torre y, en efecto, encontraron señales de uso reciente.

—Entre francotiradores y mercenarios... la vida de la gente rica sí que tiene de todo —comentó uno de los compañeros, soltando un suspiro.

Pero Cristian no se dejó llevar por la broma. En su mente, las piezas comenzaban a encajar.

Rubén asintió escuetamente y se acercó. Sin decir palabra, le lanzó una patada al hombre, directo a la pierna.

El dolor arrancó un gemido sordo al tipo tirado en el suelo.

Rubén estaba a punto de repetir la patada cuando una voz grave lo detuvo.

—Rubén, ya basta.

Osvaldo, con esa voz profunda y firme, lo frenó en seco.

Echó un vistazo al hombre tirado, su tono duro sonó como una sentencia.

—Llévenlo con la familia Zúñiga.

El grupo salió de la finca con toda la intención de ir a exigir cuentas.

En el carro, Rubén marcó el número de Sebastián.

—¿Está herida? —preguntó sin rodeos.

—Solo algunos raspones. Ahora estamos en la comisaría. La situación se salió de nuestro control; Ismael denunció que la tía llevó armas y la policía está investigando.

—Si es así, vamos a hacer que los medios revienten la noticia del francotirador en la playa. Quiero ver si Fausto aguanta las consecuencias de andar metiéndose donde no debe.

...

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