La otra persona empujó la puerta del carro y bajó de un salto.
Se puso a despotricar mientras le señalaba la nariz a Lucas.
—¿Tienes algún problema o qué? ¿Por qué frenaste tan de golpe? ¿Crees que la calle es tuya?
—Arrancas y frenas así sobre el paso peatonal, ¿no sabes nada de tránsito o qué te pasa?
Lucas salió de su carro y echó un vistazo al vehículo contrario: un Audi, con el faro delantero hecho añicos.
Para la mayoría, repararlo saldría caro.
—Disculpa, tuve un inconveniente. ¿Cien mil pesos te parecen bien?
—¿Qué dijiste?
Lucas repitió con calma:
—Te pregunto, ¿cien mil te parecen suficientes?
El hombre lo miró con desconfianza.
—¿No estarás queriendo estafarme? ¿Venías borracho? ¿Estás tomando?
—No. Si quieres, llama a la policía.
El hombre marcó al 911 y, en poco tiempo, unos agentes de vialidad llegaron al lugar. Sin rodeos, Lucas planteó una solución en presencia de los oficiales. El otro aceptó los cien mil pesos y se fue tan rápido como llegó.
Todo el asunto no duró ni quince minutos.
Apenas Lucas cerró la puerta del carro, Regina preguntó con esa voz serena que parecía no inmutarse por nada:
—¿Vamos al taller o prefieres ir directo a la oficina?
—A la oficina. Luego le pido al chofer que lleve el carro al taller.
Cuando Lucas arrancó de nuevo, sintió las manos empapadas de sudor.
El trayecto se le hizo eterno. No podía evitar sentir que todo le pinchaba por dentro, batallando con sus pensamientos. Esperaba, incluso, que Regina explotara, que armara un escándalo y acabara con el silencio a gritos. Al menos así él sabría cómo defenderse. Pero Regina no lo hizo. Ella guardó la calma, tan tranquila y distante que daba la impresión de que el infiel no era su esposo.
Ella tenía claro lo que pasaba, y aun así, cuando el carro se detuvo frente al edificio de la compañía, ni siquiera lo miró.
Abrió la puerta y bajó sin decir palabra.
No fue hasta que coincidieron en el ascensor cuando Lucas ya no pudo contenerse.
—¿No tienes nada que preguntarme? —aventó él, incapaz de aguantar el silencio.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina