—¿No que muy valiente frente a mí?
—¡Pum!— El teléfono se colgó de golpe.
Beatriz apenas había desahogado su rabia, y al mirar el celular que acababan de colgarle, sintió que el coraje le subía tanto que por poco le causaba un infarto.
La mano con la que sujetaba el teléfono temblaba sin control.
De un impulso, aventó el celular al asiento del copiloto, y sin poder contenerse, le soltó una palmada en el brazo a Liam.
Como era verano y llevaba camiseta de manga corta, la marca de la mano quedó bien visible sobre su piel.
Liam, todavía con las manos en el volante, puso cara de susto y se encogió como si el miedo lo hubiera invadido de repente.
—Si te atreves a darle un peso más, te juro que agarro tu tarjeta y dono todo tu dinero. Si te gusta regalar plata, pues que no te quede nada.
Liam: [imagen mental de resignación absoluta].
Beatriz, entre más lo pensaba, más se enfurecía. Sacó el celular y marcó el número de Sonia Olmos.
Del otro lado, Sonia se sorprendió al recibir otra llamada de Beatriz. Obviamente, jamás se habría imaginado que Beatriz la buscaría por iniciativa propia.
Sin embargo, en estos días, el contacto entre ambas se había vuelto bastante frecuente.
—Señorita Mariscal.
Beatriz fue directa al grano:
—Señora Olmos, necesito pedirte un favor.
¿Beatriz pidiéndole ayuda?
Sonia esbozó una ligera sonrisa:
—Será un gusto.
—La vez pasada te pedí que pusieras en su lugar a Rodrigo Guzmán. Ahora te pido que lo despidas, y ya de paso, que lo bloquees en toda la industria hotelera.
—Yo me encargo de la indemnización.
Dentro del carro, Liam miró a Beatriz con asombro.
Por su parte, Sonia no tenía idea de qué problemas tenía Beatriz con Rodrigo, pero si Beatriz se lo pedía, no había motivo para negarse.
Comparado con Beatriz, Rodrigo no valía nada.
Lea estaba en la cocina limpiando la estufa, con cara de pocos amigos después de haber recibido una regañiza.
Cuando Rodrigo vio que Sonia lo llamaba, bajó el volumen de la tele y atendió.
Sonia no se anduvo con rodeos:
—Rodrigo, a partir de mañana ya no tienes que presentarte a trabajar. Desde este momento inicia el proceso de salida. La empresa te pagará todo lo que corresponde, hasta de más si hace falta. Mañana pasa a firmar los papeles.
—Señora Olmos, no entiendo. ¿Hice algo mal? ¿Por qué me despiden de la nada?
Sonia, con voz suave pero firme, soltó una risita:
—Rodrigo, piénsalo bien. ¿Recuerdas lo que te dije la última vez? En este trabajo, lo peor que te puede pasar es hacerte de enemigos sin darte cuenta.
—Rodrigo, la empresa te ha dado muchas oportunidades. No me pongas en una situación difícil.
Rodrigo se quedó mirando el teléfono después de que Sonia le colgara, y de pronto le vino a la mente lo que ella le había dicho antes: “Si no te falta dinero, ¿para qué andas pidiéndole a la gente?”
En ese instante, se volvió y miró a sus papás:
—¿Oigan, ustedes le han estado pidiendo dinero a alguien últimamente?

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina