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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 576

Regina se quedó mirando a Beatriz, quien apareció de repente justo frente a ella.

Por un instante, la mirada de Regina se llenó de susto, hasta que, con la voz entrecortada, le apuntó con el dedo y tartamudeó:

—Tú...

—¿Yo qué? ¿O es que la señora Gómez esperaba que me pasara algo?

Hace apenas un momento, Regina estaba tan segura de que Beatriz no aparecería, pero ahora, el pánico y el asombro se reflejaban en su rostro. Era evidente para cualquiera lo que estaba ocurriendo.

Beatriz se sentó jalando la silla con decisión y la miró directo a los ojos, en su mirada tranquila asomaba un toque de burla.

—¿Señora Gómez?

—¿Por qué tanta prisa para empezar en mi ausencia? Y ahora que llegué, ¿por qué la calma de repente?

Miguel, que estaba a un lado, interrumpió para calmar las aguas:

—Mejor empecemos de una vez.

La reunión de la junta directiva la presidía la antigua secretaria de Lucas.

Como era de esperarse, esa persona también se alineaba del lado de Regina.

—Voy a explicar la situación actual de la empresa. Anoche, la policía se llevó al señor Mariscal, así que, para minimizar pérdidas, la junta ha decidido proponer que la señora Gómez tome el puesto de directora ejecutiva en lugar del señor Mariscal.

—Procedamos a la votación. Los miembros presentes, levanten la mano si están de acuerdo.

La mirada de Regina recorrió a los presentes.

Excepto por Beatriz, los demás llevaban décadas acompañando el crecimiento de la empresa junto a ella y Lucas. Eran como su familia en los negocios, gente de toda la vida.

Regina pensaba que esto estaba más que asegurado. Era un trámite, nada más.

Pero pasaron varios minutos luego de la propuesta y nadie levantó la mano.

Incluso Natalia, quien la noche anterior había estado con ella tomando unos tragos y diciéndole que no se preocupara, ahora dudaba.

Regina, con la mirada cargada de rabia, fijó los ojos en Natalia. Esta, como si acabara de despertar de un sueño, levantó la mano con lentitud.

Eso le devolvió algo de calma a Regina.

Justo cuando iba a mirar a Mateo, Beatriz golpeó la mesa suavemente con la punta de los dedos largos y bien cuidados.

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