Fue tan rápida que Cristian, que estaba detrás de ella, no tuvo tiempo de reaccionar.
Justo cuando iba a correr para detenerla…
El señor Tamez, que había permanecido en silencio junto a Beatriz, la rodeó con el brazo por la cintura y la apartó.
Luego, levantó el pie…
Y le dio una patada a Regina, mandándola hacia atrás.
El gesto fue brutal, sin una pizca de piedad.
Ireneo, que observaba desde la multitud, soltó un silbido…
«Qué tipo tan rudo», pensó.
Rubén era un hombre que nunca malgastaba sus emociones en extraños.
No golpeaba a las mujeres, pero eso solo aplicaba a las de su propia familia.
Siendo Regina una alta ejecutiva del Grupo Mariscal, arrestada por sospecha de asesinato, se esperaría que Beatriz, como directora ejecutiva de la compañía, interviniera de alguna manera.
Como mínimo, para proteger los intereses de la empresa.
Pero esa noche, Beatriz no dijo ni una palabra.
Al contrario, cuando se llevaban a Regina y pasaron a su lado, ella levantó la copa que tenía en la mano…
Como si estuviera brindando para felicitarla.
***
Cuando la fiesta terminó, la gente se fue marchando.
Alguien sacó su teléfono para buscar noticias sobre lo ocurrido.
—¿Por qué no hay nada en internet?
—¿Tan bien controlaron la información?
Alguien a su lado le advirtió:
—No andes publicando ni diciendo tonterías.
—Si Capital Futuro tiene una buena relación con Beatriz, seguro que ayudaron a aplastar la noticia. Además, estamos en el puente de octubre. Para cuando acaben los días festivos, este asunto ya estará resuelto. Desde la perspectiva de Beatriz, se deshizo de Regina y protegió los intereses de la empresa sin ninguna noticia negativa. Mató tres pájaros de un tiro.
—La próxima vez que hables mal de Beatriz a sus espaldas, acuérdate de quién la respalda.
La otra persona, insatisfecha, insistió:
—Es que me muero de curiosidad. ¿Qué relación tienen exactamente Beatriz y el señor Tamez de Capital Futuro?
—Una que no te incumbe. Si quieres moverte en estos círculos, tienes que ser discreto. Nunca sabes quién de los que te rodean es gente de algún pez gordo.
Una joven suspiró:
—Tenemos más o menos la misma edad y mira qué increíble es Beatriz. Poco a poco se ha ido apoderando del Grupo Mariscal.
—Ahora lo que me gustaría ver es la reacción de esa tal Carlota.
A ver cuánto tiempo más le dura su arrogancia.
Un señor mayor se quedó en silencio un momento antes de decir:
—En las familias, ser tan despiadado nunca es bueno.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina