—Lo que dijiste en el salón de fiestas fue totalmente innecesario.
Dentro de la patrulla, el compañero que sostenía el volante le murmuraba a Cristian:
—Si al final no se confirman los cargos y Regina te contrademanda, podrías terminar degradado.
Ese tipo de cosas pasaban a menudo.
Por más pruebas que la policía tuviera, a veces no valían tanto como un par de palabras de la gente poderosa.
Muchas veces, justo cuando tenían un caso armado con testigos y pruebas, y estaban a punto de hacer el arresto, alguien los denunciaba.
Los que tenían un poco de decencia eran discretos y no les complicaban las cosas.
Los que no, incluso los contrademandaban.
Metíendolos en problemas legales.
En el asiento del copiloto, Cristian apoyó la cabeza en la mano y cerró los ojos por un momento. En su mente se repetía la imagen de Rubén apartando a Beatriz y dándole una patada en el estómago a Regina.
Ese hombre era brutalmente feroz.
Pero desde la perspectiva de una mujer, también era alguien que podía ofrecer una inmensa sensación de seguridad.
—¡Te estoy hablando!
Cristian suspiró.
—No tendrá esa oportunidad.
Poder contra poder. Regina estaba destinada a ser la que perdiera.
El compañero lo miró, confundido.
—¿Estás tan seguro?
—Si un alto directivo es arrestado en público, la dirección de la empresa tomaría medidas, ya sea enviando abogados o negociando personalmente con nosotros. Pero hoy, ¿viste algo de eso?
—No, ¿verdad?
—Eso significa que nadie va a sacarla de ahí.
No solo no la iban a sacar, sino que sería una muestra de bondad si Beatriz no aprovechaba para hundirla más.
—La justicia tarda, pero llega.
—Asesinato por dinero… Un crimen imperdonable. Y más aún cuando se trata de los padres de la directora. ¿Crees que Beatriz va a perdonar a Regina?



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina