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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 735

[¿Beatriz no tiene algo con nuestro señor Tamez?]

[¿Y por qué anda de confianzas con su exmarido?]

[¿En serio? ¿Una foto en público ya significa que andan de confianzas?]

[¿Quién dice que los divorciados no pueden verse? ¿Y si se encontraron por casualidad?]

[¡Pero si es obvio que estaban tomando un café juntos! Además, ¿su única relación es que estuvieron casados? ¡Estamos hablando de gente que se destrozó hasta casi arruinarse la vida!]

[Ustedes y sus chismes.]

[¿No tienen nada mejor que hacer?]

[............. Este grupo ha sido eliminado por el administrador .........]

Justo en medio del chisme, el grupo desapareció de repente, dejando a todos con la boca abierta, mirando sus celulares.

Alberto entró a la oficina del secretariado con su celular en la mano. Al ver las caras de asombro de todos, golpeó el marco de la puerta con los nudillos.

—¿Andan de chismosos sobre el señor Tamez? ¿O es que ya no quieren trabajar aquí?

—Mucho cuidado con lo que dicen.

Tres minutos antes, Ireneo le había enviado una captura de pantalla del chat.

No dijo una palabra, pero Alberto entendió al instante.

Conociendo lo mucho que al señor Tamez le importaba Beatriz, si llegaba a ver un chisme como ese, se armaría un problema de los grandes en casa, y cuando eso pasaba, el caos siempre terminaba llegando a la oficina.

Cuando el jefe se enfurecía, toda la empresa temblaba.

Así que, casi al instante, disolvió el grupo.

No se atrevió a dudar ni un segundo.

—Alberto, el señor Tamez te busca.

Alberto apartó la vista de la pantalla de su computadora y miró a la persona que estaba en la puerta. Dudó un momento, queriendo preguntar algo, pero al final no lo hizo.

Se arregló el cuello de la camisa y tocó la puerta.

Apenas entró, Rubén extendió la mano hacia él.

—Dame tu celular.

Alberto: «¡El señor Urbina es un genio!».

Alberto desbloqueó su celular y se lo entregó. Rubén abrió WhatsApp directamente y revisó varios grupos de trabajo.

No vio nada sospechoso, pero aun así preguntó:

—¿Solo tienes estos grupos?

—Sí.

Rubén, evidentemente, no le creyó.

En el instante en que Ireneo apagó su celular, vio claramente en la pantalla el nombre de un grupo que incluía la palabra «tragones»…

Muy propio del ambiente relajado que se traían en la oficina.

—Había un grupo de tragones, ¿dónde está?

Alberto: «¿Cómo lo sabe? ¿Cómo demonios sabe el señor Tamez que tenemos un grupo secreto?».

—Lo disolví.

—¿Por qué?

—Ese grupo lo creó Lourdes, la que estaba antes en el secretariado, para organizar comidas. Como ella se fue, el grupo se disolvió.

—¿En serio? —Rubén se sirvió un vaso de agua sin prisas, dándole la espalda a Alberto. Deslizó un dedo por el vaso.

Ese «¿en serio?» estaba cargado de desconfianza y una presión silenciosa.

Alberto, de pie detrás de él, sintió un sudor frío recorrerle la espalda al ver la imponente figura del hombre.

Todo su cuerpo sudaba.

—Parece que de tanto andar con el señor Urbina ya se te pegó lo de quererme ver la cara.

—Señor Tamez, no me atrevería.

—Te atreviste a borrar la evidencia. ¿Hay algo que no te atreverías a hacer?

Alberto temblaba de miedo. Se secó el sudor de la frente con la mano.

Pero se mantuvo firme, sin decir una palabra.

Él había pensado que, al haber regresado del extranjero con el señor Tamez, ya era uno de los pilares de la empresa.

Pero nunca imaginó que el hombre frente a él pronunciaría, con labios finos y una calma glacial:

—Ve a Recursos Humanos.

Alberto no pudo ocultar su conmoción.

Capítulo 735 1

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