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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 755

—¿Alguna vez has confiado en mí?

—En tu mente, ¿qué clase de persona soy? ¿Soy tan ignorante que no sé lo que es la moral, o tan estúpida que no sé lo que estoy haciendo?

—¿Que me ponga en tu lugar? ¿En el lugar de quién y para entender a quién? Te lo dije claramente: ya falta poco, ya casi termina. Incluso ya estaba soñando con que, una vez que todo acabara, traería a la abuela de Aguamar para que pasara sus últimos años con nosotros. Te conté todo eso.

—Pero aun así, tenías que meterte a mis espaldas, arruinando todo lo que había planeado. Solo esperaba encargarme de Carlota para que Regina pagara por sus crímenes, pero por tu culpa…

La voz de Beatriz resonó con fuerza:

—Fue por esa supuesta y maldita necesidad tuya de sentirte seguro que arruinaste todo lo que planeé con tanto cuidado. La alertaste y ahora Carlota se escapa de un día para otro. He dedicado más de diez años a esto, he soportado más de diez años, esperando el momento de acabar con ellos uno por uno. ¿Y tú? ¿Qué has hecho? Si Carlota se escapa, nunca podré estar en paz.

—¡Nunca me lo perdonaré!

—Si no arrancas la mala hierba de raíz, ¿cómo puedes estar seguro de que Carlota no se convertirá en una versión de mí? ¿Que no volverá para vengarse y matarme?

Sus gritos y sus lágrimas se clavaron en el corazón de Rubén.

Él la miraba completamente atónito, viendo cómo el llanto le corría por el rostro.

Por un momento, se quedó sin palabras.

Dejó que ella lo hiriera con sus palabras, que clavara esas dagas verbales en su corazón.

En su mente solo resonaba la frase de Beatriz: «Esa supuesta y maldita necesidad tuya de sentirte seguro…».

Las manos de Rubén, que colgaban a sus costados, temblaban.

Cuando sintió cómo algo se desgarraba dentro de él, pareció perder toda su fuerza.

Bajó la mirada hacia Beatriz.

Sin decir una palabra, se hizo a un lado lentamente.

La observó en silencio mientras se vestía, la observó en silencio mientras se iba.

Beatriz tenía prisa.

Tanta prisa que ni siquiera se puso un abrigo.

Justo cuando llegaba a la puerta del vestidor, la voz apagada y sin fuerza del hombre la detuvo.

—Beatriz, lo de Carlota es fácil de resolver, pero esta herida que se acaba de abrir entre nosotros, ¿cómo vamos a cerrarla?

El cuerpo de Beatriz se tambaleó por un instante.

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Capítulo 755 2

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