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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 772

Ya ni siquiera quería beber el agua.

—Me voy a la oficina.

—Te llevo.

—No es necesario, yo me voy en mi carro.

«¿En su carro?».

El señor Tamez frunció el ceño y la siguió hacia la puerta.

—¿No tienes un chofer asignado?

—Es un lujo que no me puedo dar.

Justo cuando las puertas del elevador se abrían, Rubén la tomó del brazo.

—Beatriz.

La puerta metálica se deslizó suavemente, revelando el rostro de un vecino del piso de arriba. Las palabras que Rubén estaba a punto de decir se quedaron atoradas en su garganta.

Su educación, su formación y el entorno en el que había crecido le habían enseñado una cosa: la ropa sucia se lava en casa.

No aflojó ni un poco la mano que sujetaba el brazo de Beatriz.

El vecino los miró con extrañeza.

—¿Van a bajar?

—Nosotros no, gracias.

—¡Sí, vamos!

Los dos hablaron casi al mismo tiempo.

El vecino se quedó desconcertado.

—Oigan… ¿por qué no mejor esperan el siguiente? Es que se me va a hacer tarde para el trabajo.

Ni viviendo en un departamentazo de lujo te salvas de la friega del trabajo.

Al final, todos éramos simples mortales con horario de oficina.

En el último medio mes, Beatriz lo había pensado mucho.

Fue él quien propuso el matrimonio. Él conocía su situación en ese momento y había dicho que podía aceptarlo todo.

Y con la experiencia y la visión de un hombre como Rubén, era natural que no se interpusiera en su venganza.

La verdadera razón de todo esto era, muy probablemente, que ella se había salido de su control.

En esta relación, él se sentía superior, y en el momento en que ella dejaba de estar bajo su dominio, por un instante que fuera, él se sentía inquieto, entraba en pánico. Pero era un hombre tan capaz, que incluso con ese pánico y esa inquietud, su orgullo no le permitía decirle nada de esto a su esposa.

Pero si no lo decía, el problema de alguna manera tenía que resolverse.

Así que recurría al mismo método que usaba con Vanesa y Sebastián Tamez para controlarla a ella…

Una presión silenciosa.

Para obligarla a someterse.

***

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