Rubén guardó silencio por un momento y, al cabo de un rato, soltó una risa.
—¿No han intentado cobrarle?
Miranda puso los ojos en blanco con resignación.
—¡Como si me atreviera! De hecho, lo pensé hace poco. Estaba considerando ir a su casa, pero justo antes de hacerlo, a Mohamed lo ascendieron. Y qué casualidad, quedó por encima de mi padre, así que no me quedó más remedio que aguantarme.
Al escuchar una historia tan frustrante, todos se echaron a reír. Incluso Beatriz se rio hasta que su cuerpo tembló ligeramente. ¡Qué mala suerte!
Rubén le acarició la cintura y luego tomó su mano. Al sentir que no estaba fría, se tranquilizó.
—Mi familia no se hace responsable de sus asuntos, ¿a qué le temes?
Miranda abrió las manos.
—Ya lo sé, ¡pero mi padre no me cree!
—Qué situación tan frustrante —comentó Alejandro con una sonrisa.
—¡Ni que lo digas! —Miranda fijó su mirada en Rubén, con una expresión suplicante—. Señor Tamez, como verá, el nuestro es un negocio modesto. ¿No podría usted, en un acto de misericordia, saldar sus deudas con nosotros?
—¿Acaso es mi hijo para que yo pague sus deudas?
Beatriz rara vez lo oía responder de una manera tan directa. Estaba bebiendo agua y, de repente, se atragantó. Miranda rápidamente tomó varias servilletas y se las ofreció.
—Mira nomás, podrías ser un poco más amable, ¿no ves que asustaste a Beatriz?
Ese día, Beatriz vestía ropa holgada: un vestido largo de lino y algodón de cuello alto y, encima, un suéter largo de punto.
Ni siquiera se lo quitó al entrar en la habitación.
En comparación con Miranda, que llevaba una blusa de gasa, la diferencia era abismal.
Beatriz tomó las servilletas para limpiarse los labios y, al girarse ligeramente, la curva de su vientre se hizo visible.
Miranda la alcanzó a ver.
—Beatriz, ¿estás… embarazada?
En un instante, las miradas de los otros tres hombres en el palco se clavaron en el vientre de Beatriz.
Ella se sintió sumamente avergonzada.
—¡Carajo! ¡Qué fiera! ¡Así que de verdad vas a ser papá!
Miranda le dio una patada a Erick.
—¡Cuida tu lenguaje, piensa en la educación prenatal!


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina