Entrar Via

Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 889

El almuerzo fue muy ligero.

Sopa de verduras con albóndigas de pescado, acompañada de arroz integral y un trozo pequeño de pechuga de pollo. La razón de una comida tan saludable era, por supuesto, gracias al pequeño que llevaba en el vientre.

—¿A qué hora crees que termines?

—No estoy segura. Te mando un mensaje cuando acabe. Si es temprano, ¿vamos a ver tiendas para bebés?

—Claro.

Esa tarde, Rubén llevó a Beatriz a la oficina.

En cuanto llegó al último piso, escuchó los gritos de Luciana provenientes de la oficina de Liam, acompañados también por los de Vanesa.

Justo cuando intentaba descifrar qué pasaba, oyó a Liam decir con resignación:

—¿Qué les pasa? ¿Ahora soy maestro de kínder o qué? ¿Ya dejaron de buscar al señor Tamez para venir a buscarme a mí?

¡Qué fastidio! Anoche había trabajado hasta tarde y no había dormido bien. Al mediodía, acababa de armar su cama plegable para echarse una buena siesta, pero antes de poder acostarse, llegaron estas dos energúmenas. Una por un lado y la otra por el otro, no paraban de quejarse, y ya le dolía la cabeza.

Beatriz se asomó por el resquicio de la puerta y vio a Liam sentado en su silla, tapándose los oídos mientras las dos despotricaban.

Sí, ¡tapándose los oídos para escucharlas!

—¡Jefa!

»¡Sálvame!

Una sombra pasó por la puerta y Liam vio a Beatriz casi al instante. Le gritó con todas sus fuerzas, provocando que Beatriz sintiera una punzada en el vientre. Se llevó una mano al abdomen para calmar al bebé y luego abrió la puerta.

—Luciana, Vanesa, Liam tiene trabajo que hacer esta tarde.

Luciana hizo un puchero y miró a Beatriz con cierta decepción.

—Bueno, está bien. Entonces yo…

—¡Yo también estoy ocupada esta tarde!

Luciana no podía creerlo.

—¡Ah, muy bien! ¡Ahora las dos me desprecian!

—¿Quién te está despreciando? ¡Estamos en horario de trabajo! ¿No tenías que ir al laboratorio hoy? —se quejó Liam.

—Hoy descanso.

Beatriz se quedó sin palabras.

Liam tampoco supo qué decir.

Liam, entre indignado y divertido, caminó hacia Luciana, la agarró del cuello de la camisa, la arrastró hacia adentro y cerró la puerta, ocultándolos de la vista de Beatriz y Vanesa.

Iris, al oír el alboroto, salió de su oficina y vio a Beatriz frotándose la nariz con cierta incomodidad.

—Señorita Mariscal.

»¿Está todo bien? ¿Llamamos a la policía?

—No hace falta —respondió, sabiendo que no llegaría la sangre al río.

Dentro de la oficina, Liam le apuntaba a Luciana con el dedo.

—¿Te encanta armar líos, verdad?

Luciana le agarró el dedo índice y lo envolvió en su mano.

—Ayúdame a pensar en una forma de que Ireneo vuelva a trabajar sin que me esté molestando. Si lo consigues, te doy dos millones.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina