—¿Hay visitas abajo?
Cuando Rubén subió, Beatriz estaba en el vestidor cambiándose de ropa. Se había quitado la pijama de algodón y se había puesto un vestido de punto negro y mallas. Claramente, se preparaba para salir.
—¿Vas a salir?
—Sí, tengo que firmar un contrato en la oficina esta tarde.
—¿Es indispensable que vayas?
—Sí, tengo que ir. —Beatriz sacó un cárdigan holgado. La mayoría de su ropa de maternidad había sido comprada por Rubén en conjuntos completos, así que no tenía que preocuparse por combinarla. Por suerte, no había subido mucho de peso durante el embarazo. Aparte de su vientre, sus brazos y piernas seguían delgados.
Desde que se había embarazado, el señor Tamez se había convertido en un experto de internet, investigando en todas las aplicaciones posibles las razones por las que una mujer embarazada podría sentirse de mal humor. Una de ellas era la frustración de no encontrar qué ponerse. Para evitarlo, se había encargado de que Beatriz no tuviera que preocuparse por ese tema ni un segundo.
Una noche, después de un momento íntimo y dulce, ella no estaba cansada, pero se sentía satisfecha y sabía que Rubén no intentaría nada más; después de todo, durante el embarazo, él siempre se contenía. Tomó el celular de Rubén y abrió una de sus aplicaciones. Toda la pantalla estaba llena de recomendaciones sobre el embarazo. Incluso encontró una respuesta a un comentario que él había hecho en una publicación, preguntando qué aceite para embarazadas era mejor.
En ese instante, una emoción indescriptible la invadió. Él se encargaba de todos esos pequeños detalles. Aparte de las molestias físicas, todas las trivialidades del embarazo recaían sobre los hombros de Rubén.
Alguien como él, con su dinero y su poder, podría haber delegado todo eso en otras personas, pero no lo hizo. Se involucró personalmente. Si no sabía algo, preguntaba, investigaba. ¿Cómo no iba a amar a un hombre así? Su amor era algo de lo que podía sentirse orgullosa.
—Ponte esta…
—Hoy hace más frío que ayer. —El señor Tamez sacó otro abrigo del armario.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina