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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 891

—¿Me estás dando un adelanto para que me vaya preparando?

—Por ahí va.

Beatriz se sorprendió.

—¿Quién te enseñó a decir «por ahí va»?

—¡Vanesa!

Beatriz se quedó sin palabras. «Bueno, casi, pero no del todo», pensó.

La influencia de Vanesa se había colado hasta el último rincón de la casa.

***

—¡Señor Tamez!

Una voz lo llamó de repente desde atrás. Rubén se giró lentamente.

Al ver a Adriano Rivas de pie tras él, frunció el ceño de forma casi imperceptible.

Su mirada se desvió un instante hacia Noelia Blancas, que estaba a su lado.

—No esperaba encontrar al señor Rivas en Solsepia.

Adriano se acercó sonriendo y miró a Noelia, que llevaba un vestido largo de punto.

—Vine a visitar a mis suegros. Qué casualidad encontrar al señor y la señora Tamez.

Beatriz asintió levemente y miró a Rubén.

Con la mirada, le indicó que ella iría a ver las tiendas por su cuenta mientras ellos hablaban.

Pero el señor Tamez no quiso soltarla. Al contrario, tomó su mano y respondió con calma a los saludos de Adriano.

—Sí, qué casualidad.

—El señor y la señora Tamez se ven tan enamorados. Un bebé que nazca en una familia así será muy afortunado —dijo Adriano. Las palabras de quien busca un favor siempre son dulces.

Adriano era un nuevo rico respaldado por varias familias influyentes. Dejando de lado otros asuntos, el simple hecho de haber conseguido inversiones de familias de abolengo con su labia demostraba que tenía cierta habilidad.

En cambio, Rubén, que había crecido en la familia Tamez, estaba más que acostumbrado a los halagos y no se inmutó en lo más mínimo.

***

Entre la multitud, Noelia soltó el brazo de Adriano y cambió su bolso Hermès de mano.

Adriano miró la mano que ella había soltado, la abrió un poco y luego la guardó en el bolsillo sin decir nada.

Mientras el elevador subía, el hombre preguntó:

—¿Te llevas bien con la señora Tamez?

Noelia se estaba retocando el labial usando la puerta del elevador como espejo. Al oír su pregunta, se sorprendió un poco. Apartó el labial de su boca y lo miró.

—No mucho. ¿Necesitas un favor de ella?

Adriano observó los números del elevador y continuó:

—Por ahora no, pero podemos ir sentando las bases de una buena relación.

—Ah, entiendo.

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