—Señor, tal como lo solicitó, se han instalado inhibidores de señal en toda la casa.
En la sala, el secretario acababa de despedir al personal de la compañía de telecomunicaciones y regresaba para informar a Edgar.
—Gracias por las molestias —asintió Edgar, y luego añadió—: Cancela todas mis citas de hoy. Que Manuel se encargue de la reunión de la tarde.
—Entendido.
—Además, investiga los antecedentes familiares de Ireneo, de Capital Futuro. Envíame el informe lo antes posible.
—De acuerdo.
Berta le sirvió un vaso de agua a Edgar y se sentó a su lado, apoyándose suavemente en su brazo.
—Cálmate un poco.
Edgar suspiró profundamente y se bebió el agua de un trago.
—Esta niña va a volverme loco.
—Es joven, es normal que tenga sus impulsos. Afortunadamente, ella misma supo poner un alto a tiempo. Deberíamos estar agradecidos por eso.
Berta siempre había sido una experta en manejar las relaciones familiares. Aparentemente, estaba del lado de Edgar, pero en realidad, su estrategia era infiltrarse en el bando enemigo para rescatar a Luciana.
Sus palabras suaves y tranquilizadoras lograron disipar una buena parte de la ira de Edgar.
—¿Agradecidos? ¿Agradecidos de que no haya terminado embarazada?
—Incluso si hubiera quedado embarazada, no sería el fin del mundo. Se casan y ya. Y si no se casan, no es como si no pudiéramos mantener a un niño.
—¿Casarse? —Edgar se enfureció de nuevo—. ¡Ese Ireneo no cree en el matrimonio! ¡Ella sabía que él no quería casarse y aun así se enredó con él! ¡Eso es lo que más me molesta!

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