—¿Acaso las cosas tienen que ser como él quiere, cuando él quiere? ¿Por quién toma a Luciana? ¿Cree que no tiene a nadie que la defienda?
—Todo esto es culpa suya, ¿no?
—Y ahora se hace la víctima, como si lo estuvieran obligando.
—Si desde el principio sabía que no creía en el matrimonio, debió estar preparado para que lo dejaran en cualquier momento. Luciana nunca dijo que ella pensara igual. ¿Por qué todos tienen que pensar en él, pero él nunca consideró que Luciana sí quisiera casarse?
—Fue un trato entre adultos, de mutuo acuerdo. ¿Por qué al final resulta que él es el que sufre, como si fuera el ofendido?
—No vuelvas a mencionarme a Ireneo. No quiero saber nada del tema.
—Si solo eran amigos con derechos, lo correcto es terminar y ya. Son adultos, deberían guardar las apariencias. Lo que nunca debió hacer fue ir a armarle un escándalo al hombre con el que Luciana estaba saliendo. Él quedó bien, pero ¿a quién dejó en ridículo?
Rubén había perdido la cabeza por un momento. Solo pensaba en que Beatriz necesitaría cuidados después del parto y que él tendría que estar ahí para ella y el bebé. Se le olvidó por completo que, en el corazón de su esposa, Luciana ocupaba un lugar tan importante como el suyo.
Él era un hombre de negocios. Un egoísta por naturaleza.
Si esto hubiera ocurrido en el mundo empresarial, habría sido tan sencillo como sacrificar a un subordinado para alcanzar un objetivo. A quién se sacrificara o a quién se perjudicara no importaba, siempre y cuando él lograra su meta.
Pero no había considerado que este asunto involucraba lazos familiares.
Él, un tiburón en los negocios, ahora era reprendido por su esposa sin poder levantar la cabeza.
Si Vanesa estuviera presente, seguramente le habría levantado el pulgar a Beatriz a escondidas.
¡Crash!
Beatriz se levantó tan deprisa que tiró la silla.
El ruido sobresaltó a Rubén, que alzó la vista de inmediato e intentó ayudarla.
Pero ella, furiosa, le dio una patada a la silla y se quejó, conteniendo su enojo:
—Hasta tú me haces enfadar.
Valeria salió de la cocina con una sonrisa, llevando un consomé caliente. Al llegar a la puerta, la tensión en el ambiente la detuvo en seco.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina