Entrar Via

Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 915

Y colgó el teléfono.

—Es hora de cenar.

—No tengo hambre —respondió Edgar, aún molesto.

—Los problemas de los hijos son de los hijos. No te desquites con tu salud.

—He llegado hasta donde estoy, ¿y no puedo resolver ni los problemas de mi propia hija? ¿De qué me ha servido todo?

—Eres un hombre, no un dios. Y ni los dioses pueden vigilar a todo el mundo a todas horas —replicó Berta, en desacuerdo—. Además, sabes perfectamente cómo es tu hija. No te enojes con ella.

Abrió la tapa de la sopera.

—Consomé de res con champiñones. Tómatelo mientras está caliente.

Aunque seguía enojado, Edgar no podía desquitarse con Berta ahora que le había llevado la cena hasta el estudio.

—Si fuera una niña, lo entendería. Pero ya es toda una mujer.

—Cada quien forja su propio destino.

—Si no tuviera descendencia, disfrutaría de una felicidad infinita —contestó Edgar mientras tomaba una cucharada de la sopa.

En la cocina, la abuela vio que Berta había entrado al estudio, así que sirvió un plato de sopa y se dirigió a la capilla familiar.

Luciana había juntado varios cojines de oración para improvisar una especie de colchoneta y estaba tumbada de lado sobre ellos.

Al escuchar pasos en la puerta, se arrodilló de un salto, como por instinto.

—Soy yo. Tu mamá está con tu papá.

—Mi niña, anda, tómate esta sopa. A barriga llena, corazón contento. ¿Cómo vas a estar sin comer?

—Abue, tienes que vivir muchísimos años. Si te mueres, me van a matar a disgustos —dijo Luciana, conmovida hasta las lágrimas, mientras se llevaba la sopa a la boca con un sollozo.

—Quién diría que a mis casi treinta años seguiría castigada y sin cenar.

Era demasiado triste, realmente deprimente.

—¡No digas tonterías! Voy a llevarme el plato. Límpiate la boca rápido, no vaya a ser que tu padre baje y te regañe.

Luciana se limpió la boca a toda prisa.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina