Entrar Via

CAUTIVA DEL DESPIADADO MEXICANO romance Capítulo 5

C5 - ME ENCANTA CUANDO TE PONES CABRONA

El jet privado de los Carrera era obscenamente lujoso. Emma subió las escalerillas con la mandíbula apretada, negándose a mirar atrás.

Negándose a darle a Santiago la satisfacción de verla dudar. Adentro, él se movía como si fuera el dueño del mundo.

Porque lo era.

Se sirvió un tequila en un vaso de cristal, el líquido ámbar brillando bajo las luces tenues. Se dejó caer en uno de los asientos de cuero y la miró por encima del borde del vaso.

—Ponte cómoda, güera. —Tomó un trago largo—. Es un vuelo largo a casa.

Emma se sentó lo más lejos posible de él, cruzando las piernas con elegancia estudiada.

—Esa no es mi casa.

Santiago la estudió en silencio durante varios segundos. La recorrió con la mirada de una forma que hizo que la piel de Emma se erizara y se le endurecieran los pezones, era como si pudiera ver a través de la ropa.

—Lo será. —Santiago se pasó la lengua por el labio inferior—. Y más te vale que te vayas acostumbrando, chula, porque vas a tener que adaptarte a mi mundo. A mi gente. A mi forma de hacer las cosas.

Emma alzó una ceja.

—Fascinante. ¿Tienes una lista o debo adivinar qué esperas de mí?

Santiago se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas, y los ojos se le oscurecieron con algo peligroso.

—Espero que te comportes como la señora Carrera. Que aprendas español si no lo hablas bien. Que respetes a mi familia. —Hizo una pausa, dejando que las palabras se hundieran—. Y que me des más hijos.

Emma sintió que el aire se le atascaba en la garganta.

—¿Perdón?

—Lo que oíste. —Santiago tomó otro trago de tequila—. Antoni necesita hermanos y yo necesito herederos. Siempre soñé con un montón de chamaquitos corriendo por la casa, quizás unos cinco o seis sin contar al primogénito. —Su mirada era de cierto modo burlona, más cuando veía los ojos abiertos de par en par de Emma—. Además, nuestros genes son perfectos, mi alma… Salen bien bonitos.

La sangre de Emma hirvió. El parto de Antoni no había sido una maravilla que digamos, había pasado más de 12 horas en labor de parto y este idiota le decía que quería tener seis hijos más.

Estaba loco.

—Estás completamente demente si crees que voy a...

—No es una sugerencia, güera. Es un hecho. —La miró directo a los ojos—. Eres mi esposa y las esposas tienen deberes.

Emma apretó los puños conteniendo las ganas de borrarle la sonrisa arrogante de su perfecta cara.

—No soy tu esposa todavía —siseó.

—Pero lo serás. —Santiago se levantó, caminando hacia ella con pasos lentos—. Y cuando lo seas, vas a compartir mi cama. Vas a llevar mi apellido y vas a darme lo que es mío.

Se detuvo frente a ella, tan cerca que Emma tuvo que inclinar la cabeza hacia atrás para mirarlo.

—Incluyendo tu cuerpo, especialmente ese rico coño que no he podido olvidar.

Emma tragó saliva y se maldijo por el efecto que sus palabras sucias tenían en ella. Se puso de pie de golpe, empujándolo con fuerza.

—Vete al infierno.

Pasó junto a él, caminando, temblando, directo al baño. Tenía que alejarse antes de que cometiera una locura.

Cerró la puerta con más fuerza de la necesaria.

El baño del jet era tan lujoso como el resto. Sin perder tiempo se lavó las manos con agua fría, respirando hondo.

«Tranquila. Tranquila. Tranquila», se dijo, ya formando un plan en su mente.

Y es que en cuanto llegara a México, se comunicaría con Dominic.

Dominic Stone era un fiscal federal americano que la había ayudado cuando huyó de Londres. El único hombre que sabía la verdad sobre su familia, sobre los Stanton, y que había mantenido su secreto a cambio de información de otras organizaciones enemigas de su familia.

Él era el único que tenía el poder para sacarla de este infierno.

Solo necesitaba llegar a un teléfono y esperar el momento correcto.

Se miró en el espejo, secándose las manos, los ojos se le veían cansados pero decididos. Y por un segundo, solo un segundo, dejó que la máscara cayera.

Dejó que el dolor la atravesara como un cuchillo.

Porque la verdad era que nunca esperó que Santiago estuviera vivo.

Había llorado su muerte durante meses. Había soñado con él cada noche. Había sentido que una parte de ella moría junto con él.

Y ahora estaba aquí.

Vivo.

Real.

Y todas esas emociones que había enterrado profundamente despertaron de golpe.

Porque lo amaba.

No podía negárselo, no cuando su corazón latía descontrolado cada vez que él la tocaba. No cuando su cuerpo traidor reaccionaba a cada mirada, a cada roce.

Pero las cosas eran diferentes ahora.

C5- ME ENCANTA CUANDO TE PONES CABRONA 1

C5- ME ENCANTA CUANDO TE PONES CABRONA 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: CAUTIVA DEL DESPIADADO MEXICANO