—Ahí es donde te equivocas. El Grupo Castillo tiene mucho más dinero que el Grupo Ortega. Y aunque Evaristo es viejo, esa es precisamente su ventaja. Cuando se muera, ella heredará una fortuna. Con Brando Ortega es diferente, Melibea Cepeda no verá ni un centavo de la familia Ortega.
—Escuché que se fue del divorcio sin nada. Parece que firmó un acuerdo prenupcial.
—La gente de origen humilde que quiere entrar en una familia rica probablemente siempre firma acuerdos prenupciales. Como no pudo obtener dinero, prefirió lanzarse a los brazos de Evaristo. Dicen que la mansión donde los fotografiaron vale doscientos millones. Evaristo se la regaló así como si nada. ¿Quién no amaría a un vejete así de espléndido?
Los rumores se esparcían por internet. Aunque Evaristo ordenó que bajaran la noticia de las tendencias de inmediato, el tema siguió ganando fuerza, volviéndose imparable.
Melibea leía los comentarios en línea, furiosa. Pero, ¿qué podía hacer?
A los curiosos no les importaba la verdad, ni tampoco sus explicaciones. Lo único que querían era un chisme para pasar el rato.
Melibea dudaba si debía ir a la residencia Escalante ese día, sobre todo después de un escándalo como ese.
Probablemente Salomón Escalante, como su jefe, no querría que siguiera trabajando para su familia.
Mientras Melibea estaba indecisa, un alboroto estalló en la entrada.
—Es aquí, confirmamos con la administración que esta mansión está a nombre de don Evaristo. Melibea realmente vive aquí. ¿Será que de verdad la tiene como su amante secreta?
—Esperemos aquí a que salga. A ver si niega su relación con Evaristo o si logra presionarlo para oficializar la relación. Después de todo, una fuente confiable dijo que lo de anoche fue planeado por ella misma para que el público se enterara de su romance con él.
Melibea vio a un grupo de reporteros a través de la ventana. Escuchó lo que decían y era demasiado. No solo la relacionaban con Evaristo, sino que ahora decían que el incidente de la noche anterior había sido un montaje suyo para presionarlo.
¡Cómo podían ser tan absurdos y repulsivos!
Andrés, con el ceño fruncido, dijo: —¿Son zombis o qué? ¿Por qué rodean la puerta de Meli? ¡Lárguense de aquí!
Los reporteros, sin querer perder la primicia, se apresuraron a entrevistarlo.
—Joven amo, ¿a qué han venido a buscar a Melibea?
—Se rumora que Melibea es la tutora de la familia Escalante, pero ahora ha salido a la luz que es la amante mantenida de un hombre que podría ser su abuelo. ¿La familia Escalante permitirá que una mujer así siga trabajando para ustedes? ¿No les parece asq…?
El reportero no pudo terminar. Andrés le metió un bollo en la boca, dejándolo sin palabras al instante.
Al ver que otros intentaban hablar, Andrés sacó dos ratones blancos y dijo con una sonrisa: —Ya no hay bollos, pero sí ratones. ¿Quién más quiere uno? Solo tienen que abrir la boca.

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