¿Será que Salomón y Melibea también tienen algo?
—No puede ser. Apenas se divorcia y ya la relacionan con Evaristo o con Salomón. ¿Tendrá el destino de ser la esposa de un millonario?
En ese momento, Claudia llegó acompañada de una mujer de la alta sociedad. Era la hija de don Evaristo, Yadira Castillo.
—Señorita Castillo, no se altere. Aunque Melibea viva en esta mansión, tal vez don Evaristo simplemente sintió lástima por ella, que no tenía a dónde ir tras el divorcio, y le ofreció un lugar donde quedarse.
Yadira, furiosa, replicó: —¿Lástima? ¿Y ella aprovecha para seducir a mi padre? ¿Acaso cree que así no tendrá que devolver la casa? Soy su hija y tengo todo el derecho de reclamar esta propiedad en su nombre y echarla a la calle.
—¡Miren, es la hija de Evaristo! ¿Vino a poner en su lugar a Melibea?
—¿Quién aceptaría a una madrastra de la edad de su propia hija? Es obvio que solo busca quedarse con la fortuna. ¡Esa mansión vale doscientos millones, sin contar todo lo demás!
Los reporteros estaban eufóricos.
—Valió la pena esperar tanto tiempo. Parece que esto se va a poner bueno.
En ese instante, Yadira se adelantó y golpeó la puerta con fuerza.
—¡Abre la maldita puerta! ¡Zorra! Sé que estás ahí, ¡ábreme ahora mismo!
Yadira aporreaba la puerta mientras Claudia, a su lado, avivaba el fuego.
—Melibea es una palurda de pueblo. Mi suegra fue muy precavida en su momento y la hizo firmar un acuerdo prenupcial. Ahora que no puede sacar ni un centavo, intenta seducir a don Evaristo. Aunque él goza de buena salud, no puede competir contra la juventud de Melibea, que apenas tiene veinte años. ¡Solo quiere quedarse con su dinero!
—Señor Escalante, ¿qué hace usted aquí?
Salomón los miró con frialdad. —¿Qué pretenden?
—Señor Escalante —dijo Claudia—, ¿acaso ha estado tan ocupado que no ha visto las noticias? Se rumora que Melibea es la amante de Evaristo y que vive en esta misma mansión. ¿No le parece de mal gusto estar aquí?
—Tú misma lo has dicho, son rumores. ¿Y desde cuándo se puede confiar en los rumores? Qué desperdicio que seas una egresada de la universidad. ¿Compraste tu título?
El rostro de Claudia enrojeció de ira.
—Señor Escalante —intervino Yadira—, he venido a desenmascararla. Es una jovencita que solo busca la fortuna de mi padre. ¡No debería acercarse a ella!

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