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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 11

—Este problema de matemáticas…

Melibea reconoció aquel problema de cálculo avanzado y sus ojos se abrieron con sorpresa.

Era el último problema del certamen de la Unión Matemática Internacional de aquel año; en su momento, ella había encontrado la solución.

Sin embargo, alguien le había arrebatado el crédito, y esa ladrona era Claudia.

Gracias a eso, Claudia se convirtió en el genio matemático del siglo en Encantia.

Le robó su logro, y a ella no le importó. Pero ahora, incluso quería robarle a su hijo.

La niña miró la tableta con nerviosismo, pero no se había roto.

—Eres muy pequeña. Este problema involucra álgebra y cálculo integral, ¿acaso lo entiendes?

La pequeña miraba a Melibea en silencio, con sus ojos de venado llenos de una curiosidad inquisitiva.

[Llevo mucho tiempo intentándolo, pero no encuentro la respuesta. ¿Tú sabes cómo hacerlo, señorita?]

La niña no aparentaba más de cinco o seis años, y ya estaba resolviendo un problema tan complejo.

¿Acaso los niños de ahora nacen sabiendo?

—Bueno, justo sé cómo hacerlo. Te enseñaré. Vayamos a la sombra de aquel árbol, allí estaremos más frescas.

Melibea llevó a la niña bajo el gran árbol y le explicó con mucha paciencia. La mirada de la pequeña era increíblemente lúcida; tras la explicación, su rostro se iluminó, como si cada palabra que Melibea decía se hubiera transferido directamente a su cerebro. Era una niña fascinante, hermosa y muy inteligente. Lástima que no pudiera hablar.

Melibea sintió que era una pena.

La niña gesticuló con las manos.

[Señorita bonita, tu forma de pensar es asombrosa, y tu método para resolverlo es muy avanzado y elegante. Realmente eres un genio de las matemáticas.]

¿Ella, un genio de las matemáticas? Solía serlo.

Para su hijo, Claudia era una mujer fuerte y competente en todo, mientras que ella era solo un ama de casa inútil.

Se acabó. Ya no sería esa ama de casa.

Aunque solo le quedaban unos días, ¡no pensaba seguir sirviendo a esa familia!

...

Residencia de la familia Escalante.

La mirada de Salomón era severa. —¿Cómo es que desapareció Selena?

Una fila de empleados permanecía con la cabeza gacha. El tutor, temblando, dijo: —La señorita Selena estaba trabajando en un problema de matemáticas, pero yo no pude resolverlo en el momento.

Con una presencia imponente, Salomón preguntó con voz profunda: —¿Compraste tu doctorado en matemáticas?

—Señor Escalante, no… es decir… lo siento —el tutor sentía que las rodillas le flaqueaban—. Señor Escalante, era un problema de un certamen muy difícil. Necesitaba unos días para resolverlo, así que le pedí a la señorita Selena que esperara. Mientras yo trabajaba en él, la señorita Selena desapareció. Ah, por cierto, le mencioné que alguien ya había resuelto ese problema antes: Claudia, el genio matemático del siglo, la ahora esposa del heredero de la familia Ortega. ¿Será que la señorita Selena fue a buscarla?

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