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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 114

Casi se muere del coraje, respondiendo a todos los comentarios, pero no sirvió de mucho.

Al oír a Noel mencionar cómo su hijo la había desprestigiado y que debería darlo por perdido, Melibea se sintió desolada.

—Él tampoco quiere estar conmigo.

Entonces, Melibea se dirigió a Andrés y Selena.

—Noel es un buen amigo mío. No me estaba regañando, es que le di una tarea muy difícil y él se sintió abrumado. Por eso reaccionó así. Lo patearon, así que deben disculparse con él.

Selena se inclinó ante Noel en señal de disculpa, y Andrés le dijo: —Lo siento, señor, pensamos que estaba molestando a Meli. Si quiere, puede patearme a mí.

Tras decir esto, Andrés le dio la espalda a Noel, ofreciéndole el trasero para devolverle el golpe.

Noel miró a Andrés y sonrió: —Vaya, ese trasero sí que tienta patearlo. Pero esta niña es adorable. ¿Cómo es que, teniendo la misma cara, la niña es tan linda y el niño tan chistoso?

¿Chistoso?

Andrés no podía creer lo que oía. ¿Acababa de llamarlo chistoso?

—¿A quién llamas chistoso?

Melibea se quedó sin palabras. ¿Por qué Noel tenía que ser tan brutalmente honesto? Se apresuró a intervenir: —Noel, tu vista está empeorando. ¿Cómo que Andrés es chistoso? Es muy guapo. Estás envejeciendo y tus ojos ya no son lo que eran. ¿Quieres que te recete algo para mejorar la vista?

Melibea le guiñó un ojo a Noel. Los niños tienen su orgullo, no podía llamarlo chistoso.

Noel captó la indirecta: —Últimamente no he estado viendo bien. ¿Por qué no me das un par de recetas?

Solo entonces se calmó Andrés. En ese momento, Noel se fijó en Salomón, que estaba en la silla de ruedas.

Justo cuando Noel le entregaba la medicina a Melibea, alguien irrumpió y se la arrebató.

Era Renata Cordero.

Noel exclamó furioso: —He visto ladrones de dinero y de oro, ¡pero nunca de medicinas! ¿Qué te pasa? ¿Acaso te estás muriendo y no tienes para el ataúd?

El comentario casi hace que Renata explote de ira.

—¡Cállate! Esto no es asunto tuyo. —Renata miró a Melibea con odio y luego a las hierbas en su mano. Los había oído decir que eran muy valiosas y que ni con dinero se podían conseguir.

Así que estas eran las hierbas preciosas que le había estado ocultando.

—¡Devuélveme mi medicina!

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