—¿Dijo que te ayudaría a entrar en... Genios Jóvenes?
Petrona se rio. Hacía años que no se reía de esa manera.
—¿Y quién se cree que es esa mujer? ¿Meterte en la clase de Genios Jóvenes del Equipo Genio, hacer que Salomón camine y que Selena hable? Esos son los mayores deseos de la familia Escalante. Y ella sola va a cumplirlos todos. ¡Qué agallas!
—¿Cómo se llama esa chica?
Blanca respondió: —Se llama Melibea.
Petrona dijo riendo: —No, ese nombre no me gusta, suena a divorciada. Deberíamos cambiarle el nombre. ¿Qué tal “Pozo de los Deseos”?
Blanca exclamó: —Mamá, ¿cómo se te ocurre llamarla así, eh?
—Esas tres cosas son los deseos de la familia Escalante. ¿Acaso no se está comportando como un pozo de los deseos? Si de verdad lo fuera, la trataría como a una reina.
Andrés dijo con terquedad: —Bisabuela, Meli no miente. Todos confiamos en ella.
La sonrisa de la anciana se desvaneció de repente. Examinó a Andrés con atención y dijo: —Andrés, ¿tú sabes para qué se entra a Genios Jóvenes? No es para ir a esquiar, montar a caballo o hacer deportes extremos. Es para hacer investigación científica. E investigar significa estudiar y resolver problemas de matemáticas. ¿No es eso lo que más odias? ¿Y ahora dices que quieres entrar a esa clase?
Andrés era rebelde y siempre había odiado estudiar.
Como heredero de la familia Escalante, su educación había comenzado desde niño. A su edad, Salomón ya dominaba cinco idiomas y tenía más de diez tutores para las diferentes materias.
Andrés, en cambio, había hecho renunciar a más de diez profesores.
Con el tiempo, ella se había dado cuenta de que su bisnieto simplemente no estaba hecho para los estudios.
Andrés se sintió un poco avergonzado, pero… ¿acaso su bisabuela estaba elogiando a Meli? Si era así, no le importaba que lo considerara un crédulo.
Selena estaba algo confundida. Su bisabuela era una persona muy seria, diferente a su abuela. No esperaba que fuera alguien que riera tanto. Definitivamente, no era la bisabuela que recordaba.
[La bisabuela está muy contenta. ¿Será que a ella también le gusta Meli, como a nosotros?]
Petrona acarició a Selena. Su bisnieta, que parecía una muñeca, tan hermosa pero incapaz de hablar, era su gran dolor.
Si Melibea realmente podía hacer que su bisnieta hablara, le daría cualquier cosa que pidiera.
Petrona dijo: —Esa mujer sabe cómo jugar con las emociones, sabe lo que queremos. Veremos de qué es capaz.
Al oír esto, Blanca intervino rápidamente: —Mamá, usted lo ha dicho. Va a ver de qué es capaz. No vaya a correrla sin darle tiempo suficiente.

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