—Si es una calumnia o no, lo sabremos con una simple investigación. No tienes por qué alterarte. Después de todo, si no lo hiciste, no tienes nada que temer.
El tono de Salomón era sereno, pero esas últimas palabras, «nada que temer», le provocaron un escalofrío a Claudia.
Ella apretó los puños. Aunque se tratara de Salomón Escalante, ella se había encargado de limpiar todo rastro. Estaba segura de que no encontraría ninguna prueba.
En ese momento, la directora del kínder se acercó y se inclinó ante Salomón.
—Señor Escalante, qué honor que haya venido en persona. Ya es hora de que los padres ingresen. Por favor, tome asiento en la primera fila.
Salomón asintió, y Melibea empujó su silla de ruedas hacia adelante.
Claudia apretó los dientes con rabia. ¿Cómo era posible que Melibea hubiera logrado engancharse con Salomón?
Era una mujer divorciada y con un hijo. ¡¿Qué le veía Salomón?!
Estaba a punto de estallar de ira cuando se dio la vuelta y vio a Brando, que había aparecido de la nada detrás de ella, con la mirada fija en Melibea.
Eso solo avivó más su furia.
...
La competencia de inteligencia había comenzado. Los representantes del Equipo Genio estaban sentados en la mesa del jurado, frente al escenario.
La directora actuaba como presentadora.
—Comenzaremos con la ronda preliminar. Los niños realizarán la prueba en sus respectivas aulas. Aquellos que logren resolver las seis caras del cubo de Rubik en menos de quince minutos, podrán salir del salón y subir al escenario para la siguiente ronda de competición. Padres, ¡estén atentos para ver si sus hijos logran salir!
Los padres esperaban con gran expectación, con la mirada fija en las puertas de las aulas.
Dentro del salón de clases:
Renán giraba el cubo de Rubik con rapidez. Había practicado durante mucho tiempo; quince minutos eran más que suficientes para él.
Tenía que ser el primero en salir, el primero en subir al escenario.


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