Ante los gritos de Renata, los transeúntes comenzaron a detenerse y a arremolinarse a su alrededor.
Melibea no quería convertirse en el centro del chisme. Intentó irse, pero Renata la sujetaba con fuerza mientras seguía gritando.
—Vivió en nuestra casa durante cinco años, la tratamos a cuerpo de rey. ¡Pero nos pagó engañando a mi hijo! Y no conforme con eso, ahora se lleva las recetas de las medicinas que necesito para vivir. ¡Quiere matarme! Cada día me siento más débil.
Mientras hablaba, Renata jadeaba y fingía estar a punto de desmayarse.
La multitud, indignada, empezó a murmurar. Engañar a su esposo era una cosa, pero ¿intentar hacerle daño a su suegra? ¡Era despreciable!
—No solo le fue infiel, ¿ahora quiere lastimar a su exsuegra? ¡Qué descaro!
—Con esa pinta de buscona que tiene, no me extraña que sea una mujerzuela.
—Señora, cálmese, por favor. No se altere, que le va a hacer daño.
—Qué malagradecida. Su suegra casi se muere de un disgusto y ella ni se inmuta. Debería disculparse y llevarla a casa.
—¿Por qué tendría que disculparme? —respondió Melibea con frialdad ante las acusaciones de la gente—. Su hijo y yo ya estamos divorciados. Y yo no le fui infiel, al contrario, fue su hijo quien...
Justo cuando iba a revelar la infidelidad de Brando, Renata se abalanzó sobre ella, montando su típico numerito de llorar y hacerse la víctima.
—¡Mujer desvergonzada! ¡No solo le pones los cuernos a mi hijo, sino que ahora intentas culparlo a él! Y para complacer al hijo de tu amante, le regalaste el lugar en la escuela que le correspondía a tu propio hijo, rompiéndole el corazón. ¡No mereces ser madre!
—¿Qué clase de mujer le quita una oportunidad a su propio hijo para dársela al de otro? ¡No merece ser madre!
Melibea se dio cuenta de que era inútil intentar explicarles la verdad a esos curiosos. Además, no tenía por qué hacerlo.
—Abran paso.
Viendo a Melibea como la nuera malvada, decidieron tomar cartas en el asunto.
La rodearon, mirándola con desprecio.
—¿Así es como tratas a tus mayores? ¡Qué vergüenza!
—¿Qué enfermedad tiene tu suegra? ¿Qué medicinas necesita? Está en una situación crítica, ¡dáselas ya!
—Yo no me llevé ninguna receta. Está actuando —se defendió Melibea.
—¿Eso significa que la vas a dejar morir?
—Ustedes, las nueras de ahora, son todas unas malagradecidas, ¡nunca están satisfechas! ¿Por qué tanto rencor hacia tu suegra? Aunque haya hecho algo que te molestara, alguna vez la trataste como mamá. Ahora que su vida corre peligro, ¿cómo puedes ser tan fría?

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