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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 165

En el kínder.

Cuando Andrés y Selena aparecieron en el salón de clases, los demás niños los rodearon de inmediato.

Después de todo, ambos habían sido seleccionados para el programa de Genios Jóvenes, y los pequeños los admiraban mucho.

—Andrés, Selena, mi mami me dijo que en toda Encantia solo ustedes dos fueron elegidos para Genios Jóvenes. En otras regiones, como máximo seleccionaron a un niño. Encantia es la única con dos. ¡Son increíbles!

—El Equipo Genio reúne a las personas más inteligentes de Alborada. Mi favorito es el genio Jenaro. Si lo ven, ¿podrían conseguirme una foto autografiada?

—A mí también me encanta Jenaro. ¿Podrían conseguirme una a mí también?

—Sin problema —respondió Andrés.

Su respuesta desató la euforia entre los niños.

Jenaro era el campeón del torneo mundial de agilidad mental y tenía innumerables admiradores, incluso entre los niños del jardín de infantes.

—¡Gracias, Andrés! Eres genial. Estamos muy contentos de ser tus compañeros.

—Andrés es guapo e inteligente.

Renán observaba desde fuera del grupo, sintiéndose completamente marginado.

Antes, él era el centro de atención, pero ahora Andrés le había robado todo el protagonismo.

Jenaro también era su ídolo. Si no fuera por ellos, ahora sería él quien estaría recibiendo los elogios de los demás y tendría la oportunidad de conocer a su héroe.

La cara de Renán se puso verde de rabia.

Andrés lo miró de reojo, sin prestarle atención, y dijo con orgullo: —Claro que soy guapo, pero mi hermana es la más bonita de todas.

Selena se mantenía detrás de Andrés, tan tranquila y adorable como una muñeca de porcelana.

Después de todo, si de verdad se contagiaban y no podían hablar, sería terrible.

Selena vio cómo los mismos niños que la rodeaban momentos antes ahora se alejaban de ella con pánico, como si fuera un virus.

Andrés corrió tras ellos, furioso. —Solo porque eres peor que ella te pones a difamar a mi hermana. ¿Y te haces llamar niño?

—Digo la verdad. Mi tía dijo que, como es muda, debería ir a una escuela especial. Ya no digamos a la clase del Equipo Genio, ni siquiera debería estar en nuestro salón.

Los demás niños guardaron silencio. Parecía que Renán tenía razón. Los niños con discapacidades debían ir a escuelas especiales, ¿no? Ellos eran niños normales, y sus compañeros también. Nunca habían tenido un compañero que no pudiera hablar.

Comenzaron a susurrar entre ellos.

—¿De verdad no puede hablar?

—¿Y por qué no puede hablar? ¿Será que no tiene campanilla?

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