Claudia acarició la cabeza de Renán con ternura y lanzó una mirada desafiante a Melibea. —Renán es el que mejor me trata. Con tenerlo a él, me basta para el resto de mi vida.
En ese momento, Melibea le sirvió a Renán un trozo de la comida. —Renán, come un poco de esto, es bueno para la digestión.
Renán lo rechazó de inmediato con una mueca. —No quiero comer eso, sabe raro y asqueroso.
Brando lo reprendió con rostro serio: —Renán, es tu madre. Naciste prematuro, a los siete meses, y tenías una salud frágil. Fue tu mamá quien te cuidó con esmero. Si no fuera por ella, ¿crees que estarías tan fuerte como para jugar al fútbol?
Renán se quedó perplejo. ¿Había sido prematuro? No lo sabía. Sus amigos siempre decían que era tan fuerte como un toro.
Renata intervino, alarmada: —¡Toca madera, no hables de cosas de mala suerte! Nuestro Renán está bendecido por los ancestros y es un niño afortunado. Es normal que sea fuerte y sano, ¿qué tiene que ver su madre? Fue Claudia quien fue personalmente a conseguirle un amuleto protector. Gracias a eso, nuestro Renán está sano y salvo. Renán, dale las gracias a tu tía.
Con una voz dulce, Renán dijo: —Gracias, tía.
Brando frunció el ceño, como si algo le hubiera molestado profundamente.
—Renán, ¿y le has dado las gracias a tu madre por todos sus cuidados?
El rostro de Brando se ensombreció de una manera aterradora. Renán nunca había visto a su padre tan severo.
Bajo la presión de la autoridad paterna, aunque a regañadientes, murmuró un "gracias".
Ese simple "gracias" llenó a Melibea de una mezcla de emociones. El hijo por el que había arriesgado su vida le daba las gracias con desgana.
Aunque todos notaron la reticencia de Renán, el hecho de que Brando lo obligara a agradecerle a Melibea encendió la furia de Claudia.
—Brando, Renán es el futuro heredero del Grupo Ortega. Debe tener la ambición de ser invencible. No deberías reprimirlo ni obligarlo a hacer cosas que no quiere.
—No importa en quién se vaya a convertir, el respeto a su madre es innegociable.
—Claudia, todos estos años has sido tú quien ha educado a Renán. Que a su corta edad ya tenga aires de heredero es todo gracias a ti. Come un poco más.
Claudia respondió con el rostro sombrío: —La educación de un hijo corresponde a sus padres, no me atrevería a tomar el lugar que no me corresponde. Lo que sí puedo hacer es gestionar bien el Grupo Ortega y esforzarme para que nuestra familia se convierta en una de las nuevas familias de élite de Encantia, para que en el futuro Renán sea el líder de esa familia.
Tras decir esto, acarició la cabeza de Renán y añadió con una sonrisa: —Renán, siempre seré tu apoyo y te daré lo mejor de este mundo.
Renán asintió con firmeza. —Mi tía es la mejor. La admiro más que a nadie.
El corazón de Melibea sintió una punzada. Claudia, muy satisfecha, dijo: —Renán, come bien. Yo tengo que ir a encargarme de unos asuntos.
Renata preguntó, extrañada: —¿Qué es tan urgente? ¿Por qué no terminas de comer primero?
—Acabo de recordar que mañana hay una subasta de caridad. El fundador es Don Evaristo, y seguro que asistirá. Tengo que volver a la casa de mi familia para preparar las piezas para la subasta de mañana. A Evaristo le gustan las antigüedades y las pinturas clásicas, debo apelar a sus gustos.

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