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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 192

—Guau, solo de oírte me emociono. ¡Me aseguraré de que mi mamá y ellos vengan!

—Reni, qué buen niño eres.

—Pero… ¿y si mi mamá no quiere venir? Cuando le llamé antes, su actitud sonaba muy firme.

—Ah, ¿sí? —Una sonrisa fría se dibujó en los labios de Claudia—. Reni, ¿confías en mí?

—Claro que confío en ti, Claudita.

—Perfecto. Lo siento, Reni.

De repente, Claudia le dio una fuerte bofetada a Renán.

El dolor hizo que Renán viera estrellas y apretara los dientes.

—Tía, ¿por qué hiciste eso? Me duele mucho.

—¿Te duele? —dijo Claudia—. Si te duele, entonces llora.

Renán no pudo contener las lágrimas. Claudia continuó:

—Rápido, llama a tu mamá. Dile que la extrañas mucho y que deseas con todas tus fuerzas que venga a tu fiesta. Dile que en la fiesta te disculparás públicamente por todo lo que has hecho y que esperas que pueda perdonarte.

Claudia marcó el número por él. Tan pronto como contestaron, Renán rompió en un llanto desconsolado.

La fiesta de cumpleaños de Renán.

Claudia había gastado un millón en la celebración, que tenía lugar en un hotel de lujo. La decoración estaba inspirada en la escudería Ferrari.

Los niños estaban muy emocionados.

—Renán, ¡tu fiesta es increíblemente lujosa!

—Claro que sí —dijo Renán con orgullo—. Mi tía es la mejor conmigo, no escatima en gastos para mí. No como mi antigua mamá, que era súper tacaña.

En ese momento, algunos adultos cuchicheaban entre ellos.

—Parece que esta Claudia de verdad quiere mucho a Renán. Es solo una fiesta de cumpleaños, pero la ha organizado a lo grande. Realmente lo mima como si fuera su propio hijo.

—Solo vine a ver a mi hijo. No tiene nada que ver contigo.

Melibea intentó acercarse a Renán, pero Brando la sujetó de la muñeca.

—Espera, vamos a subir los tres juntos a cortar el pastel. Al menos para darle una explicación al niño.

—¿Qué explicación? Ya estamos divorciados. No es apropiado que aparezcamos juntos en una foto.

—Tú…

La mirada de Brando se ensombreció. ¿Por qué esta mujer insistía en hacerlo enojar?

Sin embargo, hizo un esfuerzo por contenerse.

—Melibea, ¿qué tal si nos mudamos? Solo tú, yo y Renán. Vámonos a vivir a otro lugar.

Melibea miró a Brando y soltó una risa fría.

—¿Mudarnos? ¿Pretendes tenerme como tu amante en algún lugar? Lo siento, pero no tengo el fetiche de ser la querida de nadie.

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