—Meli, eres increíble. Quedaste en primer lugar en la Competencia Internacional de Matemáticas. Y pensar que la familia Ortega te menospreciaba y te trataba como a una sirvienta. ¡Qué ciegos estaban!
Blanca estaba asombrada por el talento de Melibea. Sabía que no era una chica común, pero nunca imaginó que fuera tan brillante. No solo tenía grandes habilidades médicas, sino que también había arrasado en la preliminar de la competencia.
Que una chica como ella, tan humilde y sin una pizca de arrogancia, hubiera sido oprimida de esa manera… solo de pensarlo, a Blanca le hervía la sangre.
Mientras Blanca estaba impactada, Melibea seguía preparando sus remedios con total calma.
—Meli, ¿cómo puedes estar tan tranquila? ¡Las noticias sobre ti están por todas partes! Ahora mismo eres una celebridad que ha sacudido a todo el país de Alborada. ¿Por qué no aceptas entrevistas? Si quieres, puedo maquillarte para que salgas espectacular. Hay mucha gente esperando para entrevistarte.
—Señora, muchas gracias, pero solo fue la preliminar. Todavía falta la final.
Melibea no quería que la pusieran en un pedestal; cuanto más alto subes, más dura es la caída.
—Eres demasiado modesta. Si yo fuera tú, ahora mismo estaría pavoneándome por todas partes.
Blanca caminó un par de pasos de forma exagerada, y Melibea casi se echa a reír. La mamá de Salomón era, sin duda, una persona muy peculiar.
Al ver que Melibea sonreía, Blanca se acercó y le dijo:
—Si no quieres llamar mucho la atención, al menos deberíamos ir a celebrar. ¡Conseguiste el primer lugar!
—No creo que sea necesario.
Melibea se sentía un poco cohibida. Blanca la tomó del brazo, emocionada.
—¿Cómo que no es necesario? ¡Claro que hay que celebrar! Vamos de compras, a derrochar y a disfrutar como se debe. ¡Vamos!
Blanca la sujetó de la muñeca, sin darle la más mínima oportunidad de negarse.
……
**Boutique de Lujo Internacional**
Las vendedoras, formadas en dos filas, les hicieron una reverencia impecable.
—Señora Escalante, bienvenida.
—Señora Escalante, le pido mil disculpas. Ha sido un error nuestro, iré a solucionarlo de inmediato.
Blanca notó la expresión de Melibea y preguntó:
—¿Acaso conoces a la persona que está armando un escándalo afuera?
—Creo que es Renata.
Al oír eso, el interés de Blanca se despertó. Detuvo a la vendedora y dijo:
—Hoy me siento con ganas de un poco de alboroto. ¿Por qué no dejas entrar a la perra que está en la puerta?
¿La perra de la puerta?
La vendedora se quedó perpleja por un instante antes de comprender. Hizo una reverencia y dijo:
—Señora, por favor, no se moleste. Lo solucionaremos rápidamente.

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