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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 228

—Nos debe tanto dinero y todavía piensa en una estúpida competencia. ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Muchachos, agarren a la más tierna! Esta noche podemos subastarla y ver cuánto vale. Ya estoy impaciente, veamos si rompe algún récord.

Al ver a esos matones acercarse, Leira sintió un miedo profundo.

—¡Meli, corre, corre!

Leira le gritó a Melibea que corriera, pero con tantos hombres rodeándolas, ¿a dónde podría ir?

Con una mirada gélida, Melibea supo que la situación era grave. Con tantos hombres, sus posibilidades eran escasas, pero no le quedaba más que luchar.

—Es realmente hermosa. ¿Qué tal si la probamos nosotros primero antes de ponerla en línea? Sería una pena desperdiciarla.

Los hombres se abalanzaron sobre ella como una jauría de perros rabiosos.

Melibea se defendió con todas sus fuerzas, y los hombres no lograron someterla.

Así que decidieron atacar a Leira. El líder de los matones gritó:

—¡Si te sigues resistiendo, le reviento la cabeza!

El hombre levantó un tubo de hierro y lo descargó con fuerza sobre la cabeza de Leira.

En una fracción de segundo, Melibea interpuso su brazo para bloquear el golpe.

Se escuchó el crujido de un hueso, pero Melibea no emitió ni un solo quejido.

—¡Vaya mujer con agallas! Lástima que naciste en la familia equivocada. ¡Muchachos, a por ella! Llévensela y diviértanse.

Justo cuando se abalanzaban sobre ella y Melibea ya no podía defenderse, se escuchó el rugido de un motor de motocicleta, como el de una bestia furiosa.

Los matones se giraron y vieron una moto de alto cilindraje dirigiéndose directamente hacia ellos.

—¡Corran!

La voz de Leira se quebró. No podía creer que el hombre que momentos antes le estaba dando sus últimas palabras estuviera actuando.

¡Todo su arrepentimiento y remordimiento eran falsos!

Y ella le había creído, pensando que realmente se había dado cuenta de lo mal que la había tratado a ella y a Melibea.

Pero todo era una farsa. ¡Una mentira!

—¡Daniel, eres un descarado! ¡Fingiste estar muriéndote, dijiste todas esas cosas! Y yo que pensé que un hombre al borde de la muerte decía la verdad. Pero... fui una tonta al creerte. ¿Por qué hiciste esto? Sabías perfectamente que Melibea tenía su competencia hoy. Usaste este truco a propósito, ¿qué pretendías?

Leira de pronto comprendió todo y, señalándolo, exclamó:

—Recibiste dinero de alguien otra vez, ¿verdad? ¡Fue dinero de Claudia! Daniel, no es la primera vez. Ya habías aceptado dinero de Claudia antes para sabotear su competencia. ¿Ahora lo hiciste de nuevo para impedir que participe en la final?

—¡Y qué si lo hice! ¡Cállate la boca, qué fastidio!

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