Apenas terminó de hablar, Salomón levantó a Andrés en vilo.
—Esa es mi frase, no la tuya.
Este niño, ¿no entendía de jerarquías? ¿O estaba demasiado emocionado?
Andrés, avergonzado, dijo:
—Lo siento, te robé el momento. Adelante, todo tuyo.
Salomón asintió, sintiendo que las cosas volvían a su cauce, pero entonces escuchó a Melibea decir:
—Da igual quién lo diga, porque incluso si lo dices tú, no puedo aceptar.
Salomón: «...». Cada vez que hablaba con esta mujer, le daban ganas de encerrarse en sí mismo.
Andrés dijo en tono de reproche:
—Papá, si Meli no quiere casarse contigo es porque no llegaste a tiempo. Alguien más la rescató, fue el héroe del día.
Andrés no quería ser demasiado directo, pero tanto Marcos como Jenaro eran altos, guapos, parecían sacados de una revista de moda. Y lo más importante, habían aparecido justo a tiempo.
La imagen de Marcos llegando en una moto de alta cilindrada para llevar a Meli al evento había sido increíblemente genial.
¿Y su papá había llegado tan tarde? ¿Cómo iba a elegirlo Meli?
—Papá, ¿por qué tardaste tanto? Perdiste muchísimos puntos.
Salomón guardó silencio. Cuando supo que Melibea se había bajado del coche para tomar un taxi, había hackeado de inmediato el sistema de tráfico de la ciudad para localizar el vehículo. Después de que ella se bajó, utilizó las cámaras de seguridad de la ruta para deducir su ubicación. Sabía que, en ese momento, el más rápido en llegar a su lado sería el campeón de carreras, Marcos. Por eso, mandó a que le avisaran, y esa fue la razón de la repentina aparición de Marcos. El trayecto de Marcos para llevar a Melibea a la competencia también fue posible porque Salomón intervino en el sistema de control de semáforos, asegurándose de que tuvieran luz verde todo el camino.


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