Entrar Via

Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 258

—Claro que quise que mi hijo fuera más cercano a mí. Antes, todos los días me esforzaba por prepararle sus platillos favoritos, pero él ni siquiera los miraba.

Cualquier cosa que Claudia le daba, él la comía con gusto, incluso alimentos a los que es alérgico.

Cuando hacía la tarea, yo quería ayudarlo, pero él decía que yo era una simple pueblerina y que solo su tía estaba calificada para enseñarle. Su abuela, a un lado, lo apoyaba, temerosa de que yo lo fuera a educar mal.

Decía que Claudia había ganado la medalla de oro en las olimpiadas de matemáticas, que era considerada un genio matemático único en una generación en Encantia. ¡Pero eso era algo que ella me había robado a mí! Por ti, por nuestro hijo, no quise crear ningún conflicto. Pero tu relación con ella es tan sucia que me da asco. Si no puedo tener ni al grande ni al pequeño, entonces no quiero a ninguno.

Él sabía que ella había sufrido mucho, pero ¿cómo podía renunciar a ellos, a padre e hijo?

Si renunciaba a ellos, ¿qué planeaba hacer?

—Ya te dije que lo solucionaré, ¿por qué no me crees?

—Tú tienes su custodia, así que cuídalo bien.

Melibea no quería pasar ni un minuto más con Brando, pero él la abrazó con fuerza.

—No dejaré que te vayas. No dejaré que vayas con ese tipo.

—Brando, suéltame.

—No quiero.

En la habitación de al lado, Leira se puso rápidamente los auriculares. Parecía que se estaban reconciliando, mejor no escuchar.

De repente, Brando sintió que algo pasaba zumbando junto a su oreja. Al instante, la sangre comenzó a brotar y un dolor agudo lo invadió.

Se llevó la mano a la oreja, perplejo. ¿Qué había pasado?

Salomón dijo con frialdad: —No esperaba que pensaras en mí. Por supuesto, tenía que venir a saludarte.

—Déjame revisarte.

Melibea se arrodilló junto a las piernas de Salomón para examinarlas.

La mirada que Salomón le dirigía no era precisamente inocente.

Brando estaba a punto de explotar de ira.

Era obvio que Salomón estaba fingiendo. Y fingiera o no, ¡él estaba sangrando! Su estado era más urgente, y Melibea, en lugar de preocuparse por él, estaba revisándole las piernas.

—Melibea, ¿no ves que mi oreja está sangrando? ¿No deberías revisarme a mí primero?

Melibea se giró para mirarlo y dijo: —Esto es un hospital, cualquier médico puede atender... ¡un rasguño!

Brando casi se muere de la rabia. No solo se negaba a atenderlo, sino que le decía que buscara a cualquier otro médico en el hospital, y para colmo, ¿llamaba a su herida... un rasguño?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor!