Selena asintió con una mirada desafiante, apretando sus pequeños puños.
No querían a Meli, solo querían colgarse de su fama ahora que era célebre.
Las palabras de Andrés hicieron que los demás niños cayeran en la cuenta.
—Renán, ¿cómo pudiste difamar a tu mamá en televisión? Nunca lo mencionaste en el kínder. Seguro lo hiciste para limpiar la reputación de amante de tu tía, ¿verdad?
—Renán, ¿cómo pudiste herir así a tu mamá? Mi mamá me dice que todas las mamás sufren mucho para darnos a luz y que debemos ser buenos con ellas. Pero tú la lastimaste tanto que ya no quiero ser tu compañero.
—No quiere a su propia mamá y prefiere a otra. Nunca hemos visto a un niño tan tonto.
—Es cierto. Su mamá es tan increíble, y él decía que era una simple ama de casa. Parece que él no es muy listo. No me gusta ser amigo de gente que no es lista.
—Yo tampoco quiero ser su amigo.
Al ver que tantos niños de repente ya no querían ser sus amigos, Renán se puso ansioso. Siempre había sido altivo y orgulloso, menospreciando a los demás niños y creyéndose superior, pero el hecho de que tantos lo rechazaran de pronto lo hizo entrar en pánico.
No quería ser el marginado.
—Ustedes no entienden nada —dijo Renán, apurado—. Lo hice por el bien del Grupo Ortega. Incluso mi mamá pensó que mi decisión fue la correcta, que ayudó al Grupo Ortega a superar la crisis.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor!