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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 27

Aquella noche fue un accidente. Nunca pensó que quedaría embarazada, y mucho menos que él la buscaría para decirle que se casaría con ella. Creyó que lo decía en serio, pero en cinco años no había logrado llegar a su corazón.

En realidad, no le importaría que él se enamorara de cualquier otra persona. Podría haberse ido en silencio para dejarles el camino libre. Pero, ¿por qué tenía que ser precisamente su cuñada? Él la obligaba a respetarla, a servirla. Solo de pensar en cómo se reían de su estupidez a sus espaldas, sentía como si un centenar de hormigas le devoraran el corazón, un dolor insoportable.

Podía no amarla, pero ¿cómo podía pisotearla de esa manera?

En ese momento, Claudia localizó a Melibea en un rincón e, imperceptiblemente, le hizo una seña a una dama con un vestido amarillo. La mujer, con una copa de vino vacía en la mano, se dirigió hacia Melibea con malas intenciones.

—Se me acabó el vino. Llévate mi copa.

—No soy camarera —respondió Melibea con frialdad.

Cuando Melibea intentó marcharse, la mujer la sujetó con desprecio. —¿Qué actitud es esa? Eres una simple camarera. Te pido que me lleves la copa y te pones digna. ¿Tú quién te crees?

La mirada de Melibea se endureció y dijo en voz baja: —¡Suéltame!

—Con esa ropa barata y de mercadillo, ¿y dices que no eres camarera? No me digas que eres la esposa de algún ricachón, ja, ja.

La dama soltó una carcajada despectiva, atrayendo las miradas de los presentes.

La expresión de Melibea se volvió gélida al instante.

—Si soy la esposa de alguien o no, no es importante. Lo que sí es importante es de qué familia es usted, señora, para que ni los buenos modales puedan controlarla.

—Es mi esposa. ¿Se supone que debo quedarme aquí mirando cómo la humillan en público?

Claudia apretó los dientes con rabia. *Así que la protege tanto...*

—Suéltame.

Brando miró la mano de Claudia que lo sujetaba. Ella dijo con una mirada penetrante: —Brando, se atrevió a pedirte el divorcio porque la has protegido demasiado. Deberías dejar que descubra que sin ti, no es nadie.

Las palabras de Claudia hicieron que Brando se detuviera. Su mirada se ensombreció. Melibea no dejaba de insistir con el divorcio. ¿Se había acostumbrado a la buena vida y ahora se sentía rebelde? Quizás era hora de que experimentara en carne propia que, sin él, no era absolutamente nada.

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