—Es cierto que el Grupo Ortega está pasando por serios problemas. La ayuda del Grupo Calderón podría sacarnos de apuros, pero precisamente por eso, no quiero deberles más favores. Y también quiero dejarte las cosas claras. En mi corazón, mi única esposa es Melibea. Aunque estemos divorciados, ella sigue siendo mi esposa, la madre de Renán. Y tú eres la viuda de mi hermano, la tía de Renán. No deberías involucrarte tanto en nuestras vidas.
Claudia estaba a punto de enloquecer de ira.
—¡Brando, cállate! ¡Cállate! No me creo que no sientas nada por mí.
Claudia, fuera de sí, pareció recordar algo de repente y dijo emocionada:
—Sé que todavía estás enojado conmigo por haberme casado con tu hermano, ¿verdad? Fueron mis padres quienes me obligaron a casarme con él. Pensaban que tu hermano era más ambicioso que tú. Lo sé, fue mi error, ¿te lastimé? Fui demasiado obediente con mis padres en ese entonces, y ahora me arrepiento mucho.
Claudia lo abrazó con fuerza, pero Brando le apartó las manos.
—Sé que fue porque mi hermano era el heredero del Grupo Ortega y yo estaba destinado a no serlo. Por eso, entre el hijo mayor y el segundo, tu familia eligió al mayor. No te culpo. Ni siquiera el día que te convertiste en la esposa de mi hermano te culpé. Mi hermano era muy bueno conmigo, no iba a ponerme en su contra por una mujer.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor!