En ese momento, nadie más que el Grupo Calderón podía ayudarlos a superar la crisis. No podía aceptar ser derrotado así por Salomón, no podía resignarse a perderlo todo. Solo alcanzando la cima del poder podría hacer que Melibea se arrepintiera.
Claudia miró a Brando y, fingiendo no haberlo oído, preguntó:
—¿Qué dijiste? No te escuché bien.
—Mi madre tiene razón —repitió Brando—. No sirvo para los negocios, te necesito a mi lado. Por favor, quédate conmigo.
Al oír esto, una sonrisa astuta se dibujó en el rostro de Claudia.
Renata también exclamó, feliz:
—¡Claudia, qué maravilla! Por fin se arregló lo de su matrimonio. No te preocupes, esta vez me encargaré de que tengan una boda espectacular, para que todo el mundo la vea. ¡Y sobre todo, para que esa mujer, Melibea, se arrepienta!
El corazón de Brando se retorcía de dolor. «Si fue ella quien me falló, quien me abandonó… ¿por qué sigo sintiendo este dolor?», pensó amargamente.
Tenía que llegar a la cima, aplastar a Salomón y hacer que Melibea se arrepintiera.
***
En la residencia Escalante.
Melibea se disponía a salir para comprar nuevas hierbas medicinales para Salomón y Selena.
Sin embargo, apenas había caminado unos pasos cuando escuchó la voz de Renán Ortega.
—Mami.
Melibea se giró y, al ver que efectivamente era Renán, preguntó sorprendida:
—Reni, ¿qué haces aquí? ¿No deberías estar en la escuela?
—Sí, mami, debería, pero te extrañaba tanto que vine a buscarte a escondidas.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor!