«Padre e hijo son idénticos».
—Reni, no es que no entiendas lo que te digo. No puedo ir a tu reunión de padres porque tu custodia la tiene tu papá. Tu abuela le dio órdenes al personal del kínder de no dejarme acercarme a ti. No puedo presentarme en la escuela como tu madre. La directora no lo permitirá.
—Ya te dije que puedo explicárselo a la directora. ¿Por qué insistes en no ir? Es por Andrés y Selena, ¿verdad? No vienes a mi reunión para protegerlos a ellos.
—Antes no te importaba tanto que yo fuera. Este año, pídeselo a Claudia como siempre y te evitarás todos estos problemas.
—Mami, no sabía que fueras tan mezquina y rencorosa. Ya me disculpé contigo y sigues aferrada al pasado. Te dije que Claudia ha ido muchas veces y esta vez quería que fueras tú, pero parece que no quieres aprovechar la oportunidad. Si no vienes, ¡nunca más te reconoceré como mi madre!
—Si de verdad no quieres reconocerme como tu madre, no puedo obligarte.
—¡Eres terrible! ¡No quiero una madre tan mala como tú!
Renán salió corriendo. Melibea lo alcanzó rápidamente y lo agarró del brazo.
—Renán, ¿a dónde vas?
—¡A donde vaya no es asunto tuyo! ¡Eres una mala madre que ni siquiera viene a mi reunión de padres!
La gente en la calle comenzó a mirarlos.
—Por muy ocupada que esté con el trabajo, todo es por los hijos. Podría tomarse un día libre para ir a una reunión, ¿no? Mire cómo se ha puesto el niño, tiene la cara toda roja —comentó un transeúnte, criticando a Melibea, quien no dijo nada para defenderse.
Al ver que los demás la culpaban, Renán gritó aún más fuerte:
—¡Vas a la reunión de los hijos de otros, pero no a la de tu propio hijo! ¿Ahora que eres la madrastra de otros niños, te olvidas de tu hijo de verdad?


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