Claudia acababa de hablar con gran vehemencia, sintiéndose la más genial del mundo.
Daba por hecho que Melibea ya estaría en un rincón, muriéndose de envidia. Sin embargo, no tenía idea de que Melibea no había prestado la más mínima atención a su alboroto; estaba demasiado ocupada charlando con Andrés.
—Meli, ¿qué haces aquí?
—Vine a ver una pintura.
—¿Qué pintura?
—La subasta ya va a empezar, vamos a ver.
…
Durante la puja, todos tomaron asiento.
Como Melibea acompañaba a Andrés, pudo sentarse en la primera fila.
Brando y Claudia estaban sentados justo detrás de Evaristo. Brando no dejaba de mirar a Melibea, que estaba sentada a su lado.
No paraba de hablar con ese niño, y parecía bastante contenta.
Ese es el niño de la familia Escalante, ¿qué relación tiene con él?
Brando observaba a Melibea con inquietud. Claudia, molesta, le dijo:
—La subasta está por comenzar. Tenemos que conseguir esa pintura.
—Por cómo hablaste con Evaristo hace un momento, dudo que alguien se atreva a competir con nosotros.
Claudia dijo con aire de suficiencia:
—Es cierto. Después de todo, todos saben que esta pintura es un regalo para Evaristo de mi parte; la subasta es solo un acto de caridad. ¿Quién se atrevería a desafiarme a mí, la señorita Calderón?
Claudia se regodeaba, lanzando a Melibea una mirada cada vez más despectiva.
En ese momento, el presentador inició la subasta con gran entusiasmo. La «Pintura de doncellas de palacio» de Tiburcio fue presentada con un precio de salida de cinco millones.
Claudia fue la primera en levantar su paleta.
—Siete millones.
Esto ya rompía el récord de subasta para una «Pintura de doncellas de palacio» de Tiburcio. Además, por lo que Claudia había dicho antes, todos sabían que la pintura era un regalo para Evaristo, así que, ¿quién se atrevería a competir con ella? Por otro lado, tras la temprana muerte del joven Aurelio, la lealtad de Claudia durante cinco años era digna de respeto.
Decidieron no participar en la puja.
—Andy, de verdad, no es necesario. Eso es…
—Meli, es un regalo para ti. No acepto un no por respuesta.
Melibea se quedó sin palabras. Este pequeño mandamás sería todo un caso cuando creciera.
El rostro de Claudia se ensombreció. Acababa de decirle a Evaristo que compraría la pintura para él, y cualquier persona con dos dedos de frente no competiría con ella. Pero claro, se trataba de un niño.
Un niño no se detendría a pensar en intereses y relaciones. Con una oferta tan impulsiva, si ella no la superaba, quedaría mal con Evaristo; pero si lo hacía, perdería una fortuna.
—Diez millones a la una, diez millones…
El subastador estaba en la cuenta regresiva cuando Claudia lo interrumpió. Con una sonrisa forzada, dijo:
—El joven heredero de los Escalante es solo un niño, ¿acaso tiene derecho a participar en la subasta?
Luego, se dirigió a Andrés:
—Joven Escalante, esto es una subasta, se necesita dinero de verdad. No estamos jugando.
—Para mí, esto es un juego. Y yo seré el ganador. Compraré esta pintura y se la regalaré a mi… Meli.

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