Claudia se levantó, se acercó a Renán y le dijo:
—Ya que hoy hay junta, iré contigo.
—Pero, ¿ya terminaste de comer? —preguntó Renán, algo nervioso—. Apenas probaste bocado.
—Nada es más importante que ir a tu junta. No podemos permitir que todos los demás niños tengan a sus padres allí y tú no.
Renán iba a decir que no era necesario, pero Renata se le adelantó:
—Reni, mira cuánto te quiere Claudia. Se asegura de que tengas todo lo que los demás tienen, e incluso lo que no tienen. Solo Claudia te quiere de verdad.
Renán asintió con la cabeza, inexpresivo.
—Renán es el único hombrecito de nuestra familia y el futuro heredero de los Ortega —dijo Claudia—. Por supuesto que voy a dedicarle toda mi atención, ¿verdad, Reni?
Claudia subió al coche con Renán. Una vez dentro, su expresión cambió, volviéndose impaciente.
Renán, después de lo ocurrido la última vez, se sentía un poco intimidado por ella.
Tras recorrer una buena distancia, Claudia dijo de repente:
—Reni, acabo de recordar que tengo algo que hacer y no podré ir a tu junta. ¿Qué tal si dejas que el chófer te lleve?
«¿No va a ir?», pensó Renán.
Asintió con fuerza.
Claudia no dijo más, se bajó del coche y se dirigió a un centro comercial.
No tenía el más mínimo interés en asistir a ninguna junta de padres. Antes lo hacía para fastidiar a Melibea, pero ahora que ella ya no estaba, ¿por qué iba a torturarse sentada en un kínder durante dos horas? No era tonta. ¿No era mejor ir de compras?
Cuando Renán vio a Claudia bajar del coche, finalmente pudo respirar aliviado.
Antes, Claudia era su persona favorita, pero ¿por qué ahora sentía un poco de miedo cada vez que se le acercaba?
«¿Será por tantas pesadillas?», se preguntó.


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