Blanca había arrebatado el celular con la intención de borrar la foto, pero al ver lo bien que había quedado, no se atrevió a hacerlo.
Así que se lo devolvió a Melibea para que ella misma decidiera qué hacer.
En ese momento, Melibea vio la hora en la pantalla y se dio cuenta de que se le hacía tarde.
Ni siquiera tuvo tiempo de mirar la publicación; simplemente guardó el celular en su bolsillo.
—Tenemos que irnos, voy a llegar tarde.
Melibea estaba muy apurada. En ese instante, no le importaba ni la publicación ni la foto; solo le preocupaba llegar a tiempo a su presentación. Lo que no imaginaba era que esa publicación haría que tres hombres… ¡explotaran!
En su casa, Brando vio la actualización de Melibea y dudó de lo que veían sus ojos.
Melibea nunca publicaba nada. ¿Qué podía haberla hecho tan feliz como para compartirlo?
Brando, lleno de curiosidad, abrió la publicación.
Era una foto de Melibea con Marcos, el heredero de la familia Castillo, y el texto decía… «¡A partir de hoy, será un nuevo comienzo!».
«¡Un nuevo comienzo!», pensó. ¡Qué bien por ella!
A primera vista, la rabia casi le provoca un infarto. Una mirada más detallada lo hizo sentir como si fuera a arder en el acto.
Melibea, con su expresión pura e inocente, llevaba un atuendo revelador que exhibía su figura.
Ella no solía vestir así. ¡Ahora se había dejado corromper!
Mientras tanto, Jenaro, que esperaba ansiosamente la llegada de Melibea, de repente vio que ella había actualizado su perfil.
También hizo clic con urgencia. Al ver la foto de Melibea con Marcos, se quedó inmóvil, sosteniendo el celular. No era una imagen estática, pero él sí lo estaba.
Aunque su cuerpo no se movía, su mente era un torbellino. ¿Le fallaba la vista? ¿Era un montaje hecho con inteligencia artificial? ¿La habían secuestrado?
En esos pocos segundos, Jenaro barajó cien mil posibilidades. Sentía que el mundo se le venía encima.


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