Brando tampoco podía creer que Melibea se negara a salvar a su madre.
Era la mujer más bondadosa que había conocido. ¿Cómo podía presenciar algo así y no hacer nada?
Madre e hijo creían tener a Melibea bajo control, pero la Melibea que tenían delante ya no era la misma de antes.
—Melibea, ¿de verdad no vas a ayudar a mi madre? ¿Tan duro es tu corazón? ¿No decías siempre que un médico debe tener compasión? ¿Dónde está ahora tu compasión?
Brando le gritó, pero Blanca se interpuso para proteger a Melibea.
—Meli es médico, ¡no veterinaria! ¿Cómo podría usar su compasión con una bestia?
—Tú…
Brando estaba furioso, pero la situación de su madre era crítica. Reprimió su ira y, en tono de súplica, le dijo a Melibea:
—Melibea, te lo ruego, salva a mi madre. Es una mujer muy orgullosa, no puede acabar así, no puede quedar paralítica. Sálvala, por favor, te lo suplico.
Renata también extendió su mano hacia Melibea.
—A… ayúdame…



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