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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 374

La mano de Salomón se apretó más alrededor de Melibea. Lo hacía a propósito, para que ella supiera que estaba enojado.

—Usted es Salomón. Nadie en este mundo se atrevería a tomarlo por tonto. La tonta aquí debo ser yo.

—Tú misma lo has dicho: soy Salomón. Nadie puede tomarme por tonto. Y si fueras mi esposa, ¿quién se atrevería a tomarte por tonta a ti?

Melibea no supo qué decir.

—En realidad, no me importa si los demás me toman por tonta. Mientras mi fortaleza interior sea suficiente, no me afecta.

—¿Así que prefieres que los demás te vean como una tonta antes que ser mi esposa?

Esa pregunta mortal de Salomón dejó a Melibea paralizada.

«¿Acaso son conceptos comparables?»

Además, ¿cómo habían llegado a ese tema?

—No… no es eso…

Antes de que Melibea pudiera terminar, los labios de Salomón sellaron los suyos.

La gota de agua que se había deslizado por su pecho y el fresco aroma de su cabello lo habían llevado al límite. Ya no podía controlarse.

Salomón la besó con una pasión desenfrenada. Melibea intentó apartarlo, pero él no le dio la oportunidad.

En ese momento, se oyó una vocecita infantil.

—Meli, cuéntame un cuento.

Al oír la voz de Andrés, Melibea se levantó de un salto del regazo de Salomón.

Los ojitos de Andrés reflejaban una gran confusión.

¿Acababa de ver a Meli levantándose de las piernas de su papá?

—Ah… Meli, no he visto nada. El cuento de esta noche se lo contaré yo a mi hermanita.

Andrés sintió la mirada fulminante de su padre y quiso darse una bofetada.

Debería haber echado un vistazo antes de entrar. ¿Quién iba a pensar que su padre estaría en la habitación de Meli a esas horas?

—Iré contigo —dijo Melibea, intentando escapar—. Yo les contaré el cuento.

—Meli, ¿mi papá te hizo algo malo? ¿Por eso corres tan rápido? —preguntó Andrés.

La vergüenza de Melibea aumentó.

—No… no es nada —dijo.

—¿En serio? —Los ojitos de Andrés seguían llenos de confusión—. Pero entonces, ¿por qué mi papá me miró como si quisiera pegarme?

—Son ideas tuyas. Tu papá solo necesita dormir. Se le pasará cuando descanse.

—Entonces, ¿papá no podía dormir y por eso fue a buscarte, Meli? ¿Él también quería escuchar un cuento?

Melibea se quedó sin palabras y cambió de tema rápidamente.

—¿Por… por dónde íbamos en el cuento de ayer?

El corazón le latía con fuerza. No entendía por qué Salomón la había besado de repente.

«La próxima vez», pensó, «tengo que asegurarme de echar a todo el mundo de la habitación antes de bañarme».

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