—Melibea —dijo Brando con una mirada glacial—, ¿ahora ya no te parece que un hijo es una carga?
Cuando se divorciaron, ella no había querido la custodia.
Brando luego miró a Salomón y a Marcos.
—¡Mientras yo esté vivo, no se metan con lo que es mío!
Salomón y Marcos intercambiaron una mirada, encontrando la situación ridícula.
—Brando, la persona que reclamas como tuya acaba de ser arrestada por la policía —se burló Salomón—. Y no te preocupes, no tenemos tan mal gusto.
Brando estaba furioso.
—Melibea, ¡todavía no estoy muerto! ¡No tienes por qué apresurarte a buscarle un padrastro a mi hijo!
—Brando, valora el momento mientras todavía puedo hablar contigo con calma —replicó Melibea con frialdad.
—¡Melibea!
Al ver que sus padres estaban a punto de discutir, Renán intervino.
—Mamá, no me iré contigo. Soy el heredero del Grupo Ortega. Pase lo que pase, no dejaré a la familia Ortega. Mamá, ¿podrías volver por mí?
Marcos le dio unas palmaditas en la mejilla al niño.
—Pequeño, tu papá iba a casarse hoy con otra mujer. ¿Con qué estatus quieres que vuelva tu mamá? ¿Como niñera?
Renán frunció el ceño y apartó la mano de Marcos de un manotazo.
—¡No me toques!
—¡Vaya, qué carácter tiene el mocoso!
—El carácter es bueno, los niños deben tener personalidad —dijo Salomón—. Yo puedo educarlo.
Marcos no supo qué decir.
Rápidamente, tomó a Renán en brazos.
—¡Un niño debe tener agallas! ¿Te gustan las carreras de autos? Yo te enseño. Señor Escalante, con sus problemas de movilidad... no es muy conveniente para jugar con niños. Mejor déjemelo a mí.
—¿Acaso el patrimonio de la familia Escalante no es más tentador que las carreras de autos?
Brando estaba que echaba humo. ¿Acaso esta gente de verdad lo daba por muerto?
—¡Ninguno de ustedes se quedará con mi hijo!


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor!