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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 434

Los rumores volaban por todas partes, afectando directamente el precio de las acciones del Grupo Escalante, que se desplomaron.

Cuando Petrona vio esos rumores, montó en cólera.

—¿Qué sarta de tonterías está diciendo esta gente? ¿Cómo podría Salomón empujar a Renán? ¿Dónde está Renán ahora? ¿Por qué nadie me dijo nada de algo tan grave? ¿No estaban cenando juntos y tan bien ayer?

Petrona estaba furiosa. Apenas ayer había tenido una cena agradable con Renán y hasta lo había elogiado.

¿Cómo era posible que, en solo una noche, tanta gente estuviera diciendo que su nieto había empujado a Renán? ¡Era imposible!

Blanca intentó calmar a Petrona, diciendo:

—Mamá, no te alteres. Seguro que todo esto es un malentendido.

Blanca miró a Melibea. No sabía qué había pasado. Salomón había ordenado a los sirvientes que mantuvieran la boca cerrada sobre lo de ayer.

Pero ahora, de alguna manera, todo el mundo lo sabía.

—Salomón, ¿qué pasó exactamente? ¿No cenó Renán aquí anoche? ¿Por qué tanta gente dice que lo empujaste?

Petrona insistió:

—¿Dónde está ese niño ahora? La opinión pública ya está afectando a la familia Escalante. Es necesario que salga a aclarar el malentendido.

Melibea intervino:

—Es mi culpa. Fue Renán quien, para ayudar a Claudia, acusó falsamente a Salomón. Me aseguraré de que salga a aclarar todo.

Melibea no podía creer que se atrevieran a llegar a tal extremo. ¡Hacer algo tan despiadado por Claudia!

—¿Qué? ¿Renán acusó falsamente a Salomón por Claudia?

Tanto Petrona como Blanca estaban completamente sorprendidas.

—Qué lástima. Un niño tan listo y adorable, ¿y mira en lo que lo han convertido? Tienes que conseguir la custodia lo antes posible y traerlo aquí para educarlo.

Melibea había pensado que, por esto, la verían a ella y a Renán como personas terribles, pero en lugar de eso, fueron increíblemente comprensivos.

Blanca tomó la mano de Melibea y siguió consolándola.

—No te preocupes, de verdad. La familia Escalante ha pasado por peores tormentas. Esto no es nada. No le des más vueltas y deja que Salomón se encargue.

El problema había surgido por su causa, y sin embargo, eran ellos quienes la estaban consolando.

—Gracias por su comprensión. Pero este asunto empezó por mi culpa. No se preocupen, les daré una explicación satisfactoria.

Tras decir eso, Melibea asintió levemente y salió. Blanca miró a Salomón y le dijo:

—Sílguela, vigílala. No vaya a pasar algo más.

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