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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 46

—Melibea, ya tenemos la propuesta, así que lárgate de una vez.

Renata la echó sin miramientos. Brando quiso detenerla, pero el hecho de que Melibea le hubiera pedido el divorcio lo hizo dudar. Necesitaba que ella enfrentara la realidad y no se sintiera con tanto poder.

Melibea miró a Renán y le preguntó:

—Reni, ¿fue por esta propuesta que me mentiste hace un momento, diciendo que querías que fuera contigo al evento del kínder?

Renán respondió con una seriedad impropia de su edad:

—Este es un momento crucial para la colaboración entre el Grupo Ortega y el Grupo Castillo. Si puedes ayudar, deberías hacerlo y demostrar tu valía, en lugar de aprovecharte del reconocimiento de Evaristo para pedirle el divorcio a papá.

Las palabras de Renán eran tan formales que lo hacían un heredero perfecto, pero no el hijo que ella recordaba.

—Te estoy preguntando sobre el evento del kínder.

—Ya le había prometido a mi tía que iría con ella, así que lo siento.

El corazón de Melibea se contrajo de dolor. Sonrió con resignación y dijo:

—Si querías esta propuesta, solo tenías que pedírmela. No era necesario que comieras algo que te hace daño y fingieras una reacción alérgica para que yo volviera.

—Mi tía dice que quien aspira a la grandeza no se detiene en pequeñeces y debe usar cualquier medio necesario. Hay que asegurar el éxito, sin permitir el más mínimo error.

Melibea frunció el ceño y dijo, indignada:

—Claudia te está malinfluenciando, no la escuches.

—Mi tía no me está malinfluenciando, me está enseñando a ser un heredero competente.

—Melibea, si dejas de causar problemas, te pondré a cargo del proyecto con el Grupo Castillo —intervino Brando.

—¡Devuélvanme esa propuesta, no la merecen!

Melibea se abalanzó para recuperar el documento, pero Renata la empujó con fuerza.

—Una vez que la entregas, ¿crees que puedes recuperarla?

Melibea cayó al suelo y se golpeó la frente contra la esquina de una mesa, provocándose una herida que comenzó a sangrar.

Miró a Renán, que estaba de pie a un lado. Él frunció el ceño y pareció querer acercarse, pero Claudia lo detuvo.

—Reni, para un heredero, la compasión desmedida es una debilidad. Tu madre necesita una lección para que aprenda por las malas.

Melibea observó cómo su hijo levantaba la vista hacia Claudia y le decía con una sonrisa dulce:

—Lo entiendo, tía.

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