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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 464

De repente, la voz de Melibea se volvió gélida.

—Si quieres saber por qué cambié, deberías preguntártelo a ti mismo, a tu madre y, de paso, a esa cuñada tuya que está en la cárcel. Ah, no, quise decir tu actual esposa.

—Nuestra boda nunca se completó, así que ella no es mi esposa.

—Brando, qué cruel eres. Ahora que Claudia está en la cárcel, te apresuras a desvincularte de ella. Y hace un momento me acusabas a mí de ser despiadada. Parece que tú tampoco tienes mucho corazón.

—Melibea, ¿acaso no entiendes la importancia de Claudia para el Grupo Ortega? Si ella cae, el Grupo Ortega también caerá.

—Entonces eres bastante inútil, si tu empresa va a quebrar solo porque te falta el apoyo de una persona.

—Melibea, tú…

En ese momento, Brando escuchó la voz de un niño.

—Meli, ¿vamos a volar una cometa? Mi hermanita también quiere ir.

—Claro, iré con ustedes a volar cometas.

Luego, Melibea le dijo a Brando:

—No tengo tiempo para charlas. Voy a llevar a los niños a volar cometas. Si no hay nada más, y considerando que ya estamos divorciados y no somos tan cercanos, adiós.

Melibea colgó el teléfono, dejando a Brando hirviendo de rabia.

Esa mujer le había colgado. Su hijo estaba sufriendo un acoso masivo en línea, y ella se iba a volar cometas con los hijos de otro.

Melibea, ¿de verdad había renunciado a su propio hijo?

—Es cierto. Escuché que arrestaron a Claudia. Y el dinero que desvió del Grupo Calderón al Grupo Ortega fue recuperado, así que ahora el Grupo Ortega podría caer con un simple soplido. ¿Y todavía se las da de futuro sucesor? ¿De qué presume?

—Niño, ¿acaso no sabes que en este mundo, además de los herederos ricos, también existen los herederos de deudas? Me parece que tu destino es ser uno de ellos. Si el Grupo Ortega quiebra, ¿cuántas deudas tendrás que pagar? ¿Acaso sabes contar tanto, niño? Y todavía tan arrogante.

—Niño, lo peor que puedes hacer en la vida es mentir. Y encima, después de que te descubren, sigues siendo así de arrogante. Te aconsejo que vayas a disculparte con el señor Salomón Escalante y con tu mami. Si no te perdonan, ¡tu futuro se ve bastante oscuro!

Renán se puso verde de la rabia. Él era el señorito Renán. Siempre lo habían halagado y complacido. ¿Desde cuándo la gente se atrevía a señalarlo de esa manera?

Perdiendo el control, gritó:

—¡Tonterías, tonterías, todo lo que dicen son tonterías! ¡No pienso perder mi tiempo con ustedes!

Renán entró furioso al salón de clases y se sentó, enfurruñado, pero notó que el ambiente era extraño.

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