En ese momento, uno de los cobradores dijo:
—Anciana, si su hijo no le contesta, probablemente es porque está rodeado de acreedores. No se moleste en seguir llamando, no tiene tiempo para atenderla.
—¡Mientes! ¿Cómo va a estar mi hijo rodeado de acreedores? ¡Estás mintiendo!
—Ya quebraron, ¿cómo no iba a estar rodeado de acreedores? Si no me cree, siga llamando. Pero si va a hacerlo, hágalo afuera.
»De cualquier modo, no puede quedarse en esta casa. Y no puede llevarse nada de lo que hay aquí.
»¡Ustedes dos, saquen a esta anciana de aquí!
Enseguida, dos de los hombres levantaron la silla de ruedas de Renata y la llevaron hacia la salida.
Renata no podía creerlo. Acababa de conseguir las joyas de Claudia, y sin siquiera haber tenido tiempo de ponérselas, la estaban echando de su propia casa.
—¡Bájenme, bájenme! ¡Voy a llamar a la policía! ¡Esto es allanamiento de morada!
—Anciana, no grite tonterías. Somos una agencia de cobros legal. Esta casa y todo lo que hay en ella nos fue hipotecado. Ahora que no pueden pagar y se han declarado en quiebra, la estamos embargando por la vía legal. Mejor contacte a su hijo y no nos estorbe.
Los dos hombres llevaron a Renata hasta la puerta y la dejaron afuera como si fuera basura.
Justo cuando iban a volver a entrar, escucharon a Renata gritar a sus espaldas.
—¡Esta es mi casa, todo lo de adentro es mío, no pueden robárselo!
Renata intentó volver a entrar a la fuerza, pero los dos hombres la bloquearon.
—Vieja testaruda, ¿no entiende lo que le decimos? ¡Esta casa y todo lo que hay adentro es nuestro! ¿Por qué sigue armando un escándalo?
—¡Quítense de mi camino, quítense! ¡Esta es mi casa!



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