La cercanía de su hijo con Claudia se debía, en gran parte, a que después de que naciera, su suegra había dicho que ella, por su origen humilde, no era apta para educarlo, y que Claudia, de familia prestigiosa, era la más indicada. Así que a ella solo le correspondían las tareas básicas de cuidarlo.
Brando, por su parte, decía que como Claudia no tenía hijos, era bueno que Renán pasara más tiempo con ella.-
Antes pensaba que sus intenciones eran buenas, ¡pero nunca imaginó que fueran tan sucias!
Mientras Melibea se consumía en su dolor y rabia, Claudia arqueó una ceja y dijo deliberadamente:
—Creo que me dio un poco de hambre.
Reni se giró de inmediato hacia Melibea y le dijo con seriedad:
—Mami, la tía y papi volvieron tardísimo de trabajar. ¿Por qué no les preparaste algo de cenar?
Melibea se quedó inmóvil. Las palabras de su hijo eran como cuchillos clavándose en su corazón.
—Mami, la tía y papá se esfuerzan para que Reni tenga una vida mejor. Tú también deberías poner de tu parte y dejar de perder el tiempo con esas tonterías que haces. ¡Deberías aprender de la tía y convertirte en una mujer de negocios exitosa, para que no me avergüences en el kínder!
Claudia intervino, satisfecha:
—Reni, tu mamá es solo un ama de casa, ¿cómo podría convertirse en una mujer de negocios? El mundo empresarial no es para cualquiera.
Renata añadió con desprecio:
—Así es, Reni. Tu tía es de una familia distinguida, es la heredera del Grupo Calderón. Tu mamá, en cambio, es una pueblerina. ¿Qué va a saber ella de negocios? Con que nos sirva bien a todos en esta casa, ya le habremos sacado todo el provecho posible.
En ese momento, Brando dijo con impaciencia:
—Ya basta. Es muy tarde. Reni, vete a dormir. Mañana tienes que ir al kínder.
Ante la insistencia de su padre, Reni se fue a su cuarto, no sin antes recordarle a Melibea que le preparara la cena a su querida tía.
¡Qué hijo tan maravilloso tenía!
—Melibea, Claudia tiene hambre. Ve a prepararle un poco de sopa.
Brando dijo eso y se dispuso a irse a su habitación. Melibea sonrió con frialdad. ¡Padre e hijo parecían aterrados de que Claudia se muriera de hambre!
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